Jesús no dijo ‘Yo soy la verdad’, ni bautizaba con agua… El agua no te hace libre, no es la verdad que libera porque no es información que te saque del engaño.

Bautismo: ¿necesidad real o NEGOCIO que vive de hacerte creer que lo necesitas?

Fijado por @JoseGalindoMMXXVI

El agua no te enseña como te engañan los que ocultan la verdad… ¿Quién te dijo que la verdad hace libres a todos? Si se sabe la verdad sobre un estafador, este es apresado, eso no es libertad para él… (Min 1:29)

Jesús no pudo haber dicho que él es la verdad. Primero, porque la verdad es información, y un hombre no es un mensaje. Es una criatura que puede dar un mensaje; el mensaje, si es verdadero, es lo que libera.

Segundo, si Jesús hubiese dicho que él es la verdad, no sería coherente, sino absurdo. Dios no habría elegido a un incoherente para ser su servidor. La libertad es no doblar la rodilla ante nada ni ante nadie para rendirle honores.

Pero el Imperio romano no deseaba hombres libres, sino hombres de rodillas ante sus estatuas y ante sus servidores.

El negocio del bautismo necesita mentiras; necesita excusas, como las que todos necesitan de su agua.

Pero piensa con lógica: el agua no te quita la ignorancia. Puede quitar la suciedad del cuerpo, puede quitar la sed, pero no te quita la ignorancia que el estafador necesita que tengas para manipularte y obtener tu dinero y obediencia.

Si Roma capturó el mensaje que persiguió, ¿por qué debemos creer que después lo respetó y lo transmitió dando honor a la verdad y no a su propio imperio?

Algunos mensajes en la Biblia, aunque esta incluye falsedades del Imperio, pueden dar evidencias lógicas de lo que digo:

Juan 8:32: “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”.

¿Te suena esto coherente con decir: “Me conocerán a mí y serán libres porque yo soy la verdad”?

Si así fuese, Jesús hubiese nacido mudo, pues con ese argumento bastaría con conocerlo, aun sin escuchar ni leer su mensaje, para ser libre.

Esto no lo pudo haber dicho Jesús, sino una Roma hostil al mensaje original; una Roma que deseaba imponer la idolatría en vez de la verdad:

Juan 14:6: “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”.

Miremos entonces qué es lo que da libertad de estos engaños de Roma, y a quiénes les da esa libertad:

Proverbios 11:9: “El hipócrita con la boca daña a su prójimo; mas los justos son librados con la sabiduría”.

Los justos son el pueblo elegido; son ellos los únicos capaces de reconocer y valorar la coherencia de la verdad.

Daniel 12:1: “En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que está de parte de los hijos de tu pueblo; y será tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces; pero en aquel tiempo será libertado tu pueblo, todos los que se hallen escritos en el libro”.

Juan 17:17: “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad”.

Un hombre no es la palabra de Dios; un hombre no puede ser un mensaje, sino un mensajero. No es lo mismo un mensajero que aquel que lo envía.

Isaías 6:8-9: “Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí. Y dijo: Anda, y di a este pueblo: Oíd bien, y no entendáis; ved por cierto, mas no comprendáis”.

Las personas de pensamientos contradictorios no entienden, pero las de pensamientos coherentes sí. Como la calumnia es una injusticia y es causa de testimonios contradictorios, los injustos, como practicantes de la calumnia, no entienden ni aman la coherencia de la verdad; solo los justos lo hacen.

Daniel 12:10: “Muchos serán limpios, y emblanquecidos y purificados; los impíos procederán impíamente, y ninguno de los impíos entenderá, pero los entendidos comprenderán”.

Lo mataron…

Pero no resucitó…

Una mujer virgen embarazada no lo dio a luz…

No fue traicionado por sus amigos…

No bautizaba con agua, sabía que el agua solo limpia el cuerpo, no quita la ignorancia de los justos…


Dicho de otra forma:

El agua y el bautismo: Una mentira que alimenta un negocio de fe

El negocio del bautismo necesita mentiras. No necesita declarar inocente a nadie, sino culpables de pecado a todos. Necesita hacer creer que el agua limpia algo más que el cuerpo.

Pero piensa: el agua no elimina la ignorancia. Puede quitar la suciedad o la sed, pero no elimina la ignorancia que el manipulador necesita para controlarte, obtener tu dinero y exigir tu obediencia.

Si Roma capturó el mensaje que antes persiguió, ¿por qué habría que creer que luego lo respetó? ¿Por qué asumir que lo transmitió fielmente, honrando la verdad y no sus propios intereses de poder?

Ni conocer a una persona ni mojarse con agua le quita la ignorancia que hace tropezar en pecados a los justos. Los falsos profetas guían a la gente a cometer pecados con engaños. La verdad destruye esos engaños.

Jesús no pudo haber dicho que él es la verdad.
Primero, porque la verdad es información; es un mensaje. Un hombre no es un mensaje. Un hombre es una criatura que puede transmitir un mensaje. Si ese mensaje es verdadero, entonces es ese mensaje —no el hombre— lo que libera.

Segundo, si Jesús hubiese afirmado literalmente que él es la verdad, no sería coherente sino absurdo. Y Dios no elige a un incoherente para ser su servidor. La libertad consiste en no doblar la rodilla ante nadie para rendirle honores.

Pero el Imperio romano no quería hombres libres. Quería hombres de rodillas: ante sus estatuas, ante sus representantes, ante su sistema.

Incluso dentro de la Biblia —aunque contenga añadidos del Imperio— hay pasajes que muestran la lógica de esto:

En el Evangelio de Juan 8:32:
“Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.”

Esto es coherente: conocer la verdad libera.
No dice “conocerán a una persona y serán libres porque esa persona es la verdad”.

Si la libertad dependiera solo de conocer a un individuo, entonces bastaría verlo, sin escuchar nada, sin entender nada. Eso es absurdo. La libertad proviene del entendimiento del mensaje verdadero.

Sin embargo, en el Evangelio de Juan 14:6 aparece:
“Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.”

Esa afirmación contradice el principio anterior. No apunta al entendimiento de la verdad, sino a la dependencia de una figura. Eso encaja más con un sistema de control que con un mensaje de liberación.

Entonces, ¿qué libera realmente del engaño?

En Proverbios 11:9 lo dice claramente:
“El hipócrita con la boca daña a su prójimo; mas los justos son librados con la sabiduría.”

La sabiduría libera, no la idolatría.

Los justos —no los crédulos— son quienes pueden reconocer la coherencia de la verdad. Por eso en el Libro de Daniel 12:1 se habla de la liberación de un pueblo específico: los que están del lado de la verdad.

Y más adelante, en el Libro de Daniel 12:10:
“Los impíos no entenderán, pero los entendidos comprenderán.”

La diferencia no es ritual, es comprensión.

También en el Evangelio de Juan 17:17:
“Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad.”

La verdad es la palabra, el mensaje. No una persona.
Un hombre no es la palabra de Dios. Es, en todo caso, un mensajero.

Esto queda claro en el Libro de Isaías 6:8:
“¿A quién enviaré?”
Y alguien responde: “Envíame a mí.”

El que es enviado no es el mensaje. Es el portador del mensaje.

Las mentes contradictorias no entienden.
Las mentes coherentes sí.

La calumnia produce contradicción. Y quienes viven de la contradicción —los injustos— no pueden reconocer la verdad. No la aman, porque no la soportan.

Por eso, como dice el Libro de Daniel 12:10, los impíos no entienden.
Solo los entendidos comprenden.


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