Era el año 1995 y yo conocí a Sandra en el IDAT, donde estudié Computación e Informática. En aquel entonces, yo tenía una relación estable con Mónica, una mujer con la cual yo me sentía muy feliz. Le era fiel, no estaba interesado en nadie más. El punto es que Sandra sabía eso, y a veces me mandaba indirectas, pero yo no le hacía caso porque yo estaba enamorado de Mónica.
Un día de 1995, Sandra avisa a todo el mundo en su salón que su mochila azul de jean se había extraviado y me echó la culpa a mí. Me acusaba a mí de haberme robado su mochila azul, me miraba y me señalaba diciéndome: “Tú te has llevado mi mochila azul”. Y yo le decía: “No, yo no me llevé ninguna mochila azul”, y ella insistía en que yo me había robado su mochila azul porque me quería quedar, según ella, con las fotos suyas que ella tenía en la mochila.
Cuando para mí eso era absurdo, porque yo no soy ladrón, no es mi estilo robar y no estaba interesado en ella porque yo estaba con Mónica y ella lo sabía. Y yo lo tomé como una excusa superficial, banal, para llamar mi atención. Nunca imaginé que esa sería la primera de muchas calumnias aún más graves que ella levantó en mi contra.
Miren este video y entenderán de qué hablo.
La batalla en la esquina, en las afueras del instituto IDAT, segundo trimestre de 1998, cuadra 7 de la Av. Arequipa, esquina con el Jr. Pablo Bermúdez, Santa Beatriz, Lima – Perú. En una calle urbana de noche, un hombre valiente se defiende de un delincuente alto y corpulento que intenta golpearlo con patadas. Utilizando sus conocimientos básicos de Kung-Fu, José bloquea los ataques de la bestia, pisando repetidamente el empeine de su agresor mientras mantiene una postura firme de lucha. Está de pie gracias a Johan, pues otro delincuente lo había derribado por la espalda, mientras la bestia y el agresor inicial lo golpeaban, y un tercero revisaba sus bolsillos para robarle.
Detrás de él, su leal amigo Johan ha intervenido para ayudarlo, enfrentándose al atacante que inició la emboscada con cobardía, mientras que el tercero, cobardemente, va en busca de piedras para arrojarlas contra los dos nobles amigos. La escena es tensa y dramática, con la iluminación de los faroles y las luces de los autos en la esquina, proyectando sombras alargadas sobre la acera. Pocos minutos después y a poca distancia, en el Jr. Pablo Bermúdez, Sandra, la mujer que orquestó la emboscada, observará nerviosa cómo un oficial de tránsito afrodescendiente se acerca para intervenir.
Esta es mi historia:
José, un joven criado en enseñanzas católicas, vivió una serie de acontecimientos marcados por relaciones complejas y manipulaciones. A los 19 años inició una relación con Mónica, una mujer posesiva y celosa. Aunque José sentía que debía terminar la relación, su formación religiosa lo llevó a intentar cambiarla con amor. Sin embargo, los celos de Mónica se intensificaron, especialmente hacia Sandra, una compañera de clase que le hacía insinuaciones a José.
Sandra comenzó a acosarlo en 1995 con llamadas telefónicas anónimas, en las que hacía ruidos con el teclado y colgaba.
En una de esas ocasiones, reveló que era ella quien llamaba, luego de que José le preguntara enojado en la última llamada: “¿Quién eres tú?”. Sandra lo llamó de inmediato, pero en esa llamada le dijo: “José, ¿quién soy yo?”. José, al reconocer su voz, le dijo: “Tú eres Sandra”, a lo que ella respondió: “Ya sabes quién soy yo”. José evitó confrontarla. Durante esa época, Mónica, obsesionada con Sandra, amenazó a José con hacerle daño a Sandra, lo que llevó a José a proteger a Sandra y prolongar su relación con Mónica, a pesar de su deseo de terminarla.
Finalmente, en 1996, José rompió con Mónica y decidió acercarse a Sandra, quien inicialmente había mostrado interés en él. Cuando José intentó hablar con ella sobre sus sentimientos, Sandra no le permitió explicarse, lo trató con palabras ofensivas y él no entendió la razón. José optó por distanciarse, pero en 1997 creyó tener la oportunidad de hablar con Sandra, esperando que ella le explicara su cambio de actitud y pudiera compartir los sentimientos que había mantenido callados.
En su cumpleaños, en julio, la llamó como lo había prometido un año antes, cuando aún eran amigos, algo que no pudo hacer en 1996 porque estaba con Mónica. En aquel entonces, solía creer que las promesas nunca debían romperse (Mateo 5:34-37), aunque ahora entiende que algunas promesas y juramentos pueden reconsiderarse si se hicieron por error o si la persona ya no los merece.
Cuando terminó de saludarla y estaba a punto de colgar, Sandra suplicó desesperadamente: “Espera, espera, ¿podemos vernos?”. Eso le hizo pensar que ella había recapacitado y que finalmente le explicaría su cambio de actitud, permitiéndole compartir los sentimientos que había guardado en silencio. Sin embargo, Sandra nunca le dio respuestas claras, manteniendo la intriga con actitudes evasivas y contraproducentes.
Ante esta actitud, José decidió no buscarla más. Fue entonces cuando comenzó el acoso telefónico constante. Las llamadas siguieron el mismo patrón que en 1995 y esta vez fueron dirigidas a la casa de su abuela paterna, donde vivía José. Él estaba convencido de que se trataba de Sandra, pues recientemente le había dado el número.
Esas llamadas eran constantes: mañana, tarde, noche y madrugada, y se prolongaron durante meses. Cuando contestaba algún familiar, no colgaban, pero cuando contestaba José se oía el chasquido de las teclas antes de colgar.
José le pidió a su tía, la dueña de la línea telefónica, que solicitara a la compañía de teléfonos el registro de las llamadas entrantes. Él pensaba utilizar esa información como prueba para contactar a la familia de Sandra y manifestarle su preocupación por lo que ella pretendía conseguir con esa conducta. Sin embargo, su tía restó importancia a su argumento y se negó a ayudarlo.
Curiosamente, nadie en la casa, ni su tía ni su abuela paterna, parecían indignarse por el hecho de que las llamadas se produjeran además en la madrugada, y no se molestaron en buscar cómo detenerlas ni identificar al responsable.
Esto tenía la extraña apariencia de una tortura orquestada. Incluso cuando José le pidió a su tía que desconectara el cable del teléfono por la noche para poder dormir, ella se negó, argumentando que uno de sus hijos, que vivía en Italia, podría llamar en cualquier momento, considerando la diferencia horaria de seis horas entre ambos países.
Lo que hacía todo aún más extraño era la fijación de Mónica con Sandra, a pesar de que ni siquiera se conocían. Mónica no estudiaba en el instituto donde estaban matriculados José y Sandra, pero empezó a sentir celos de Sandra desde que encontró una carpeta con un proyecto grupal de José. La carpeta enumeraba los nombres de dos mujeres, incluida Sandra, pero por alguna extraña razón, Mónica se obsesionó solo con el nombre de Sandra.
Aunque José inicialmente ignoró las llamadas telefónicas de Sandra, con el tiempo cedió y volvió a contactar a Sandra, influenciado por las enseñanzas bíblicas que aconsejaban orar por quienes lo perseguían. Sin embargo, Sandra lo manipulaba emocionalmente, alternando entre insultos y peticiones para que él siguiera buscándola.
Después de meses de este ciclo, José descubrió que todo era una trampa. Sandra lo acusó falsamente de acoso sexual, y como si eso no fuera suficientemente malo, Sandra envió a unos criminales a que golpearan a José.
Ese martes, sin que José lo supiera, Sandra ya le había tendido una trampa.
Unos días antes, José le había contado a su amigo Johan la situación que estaba viviendo con Sandra. Johan también encontró extraño su comportamiento y pensó que podría deberse a algún tipo de brujería por parte de Mónica. Ese martes, José había ido a visitar su antiguo barrio, donde había vivido en 1995, y se encontró por casualidad con Johan. Después de escuchar más detalles, Johan le aconsejó que se olvidara de Sandra y saliera a bailar, a conocer a otras mujeres; tal vez encontraría a alguien que lo ayudara a olvidarla. A José le gustó la idea.
Entonces tomaron un autobús al centro de Lima para ir a una discoteca. Por coincidencia, la ruta pasaba por el instituto IDAT. Como estaban a una cuadra del IDAT, a José de repente se le ocurrió bajar un momento a pagar una clase de sábado a la que se había apuntado. Pudo ahorrar algo de dinero vendiendo su computadora y trabajando durante una semana en un almacén. Sin embargo, tuvo que renunciar porque explotaban a los empleados obligándolos a trabajar 16 horas diarias mientras que solo declaraban 12, y si se negaban a terminar la semana, los amenazaban con no pagarles nada.
José se volvió hacia Johan y le dijo: “Estudio aquí los sábados. Ya que estamos de paso, bajemos un momento, pago mi clase y luego seguimos camino a la discoteca”.
Tan pronto como José pisó la acera, antes incluso de cruzar la calle, se quedó atónito al ver a Sandra allí, parada en la esquina del instituto. Incrédulo, le dijo a Johan: “Johan, no lo puedo creer, Sandra está aquí. Es la chica de la que te hablé, la que ha estado actuando tan extraño. Espérame aquí, le preguntaré si recibió la carta donde le advertí sobre las amenazas de Mónica en su contra, y tal vez finalmente pueda explicarme qué le pasa y qué quiere de mí con todas estas llamadas”.
Johan esperó mientras José se acercaba. Pero apenas había empezado a hablar: “Sandra, ¿has visto mis cartas? ¿Puedes explicarme finalmente qué te pasa?”, cuando Sandra, sin decir palabra, hizo un gesto con la mano. Fue una señal.
Entonces aparecieron tres matones, escondidos en diferentes lugares: uno en medio de la calle, otro detrás de Sandra y el tercero detrás de José.
El que estaba detrás de Sandra se acercó y le dijo: “Entonces, ¿eres tú el acosador sexual que molesta a mi prima?”.
José, desconcertado, respondió: “¿Qué? ¿Yo, un acosador? Al contrario, ¡es ella quien me acosa! Si lees la carta, verás que solo intento entender por qué me sigue llamando”.
Antes de que pudiera reaccionar, uno de los matones lo agarró por el cuello por detrás y lo arrojó violentamente al suelo. Luego, junto con el que decía ser primo de Sandra, comenzaron a patearlo. Mientras tanto, el tercer matón lo registraba, intentando robarle. Eran tres contra uno y José yacía indefenso en el suelo.
Afortunadamente, su amigo Johan intervino en la pelea, permitiendo que José volviera a levantarse. Pero el tercer atacante tomó piedras y las arrojó contra José y Johan.
El ataque solo se detuvo cuando intervino un policía de tránsito. El policía se volvió hacia Sandra y le dijo: “Si te está acosando, entonces presenta una denuncia”.
Sandra, visiblemente nerviosa, se alejó rápidamente, sabiendo muy bien que su acusación era falsa.
José, aunque profundamente traicionado, no presentó denuncia. No tenía pruebas de los meses de acoso que había sufrido por parte de Sandra. Pero más allá del shock de la traición, una pregunta lo perseguía:
“¿Cómo pudo haber planeado esta emboscada, si yo nunca vengo aquí los martes por la noche? Solo vengo los sábados por la mañana para mis clases”.
Esto generó en él una duda aterradora: ¿y si Sandra no era solo una mujer, sino una bruja con poderes sobrenaturales?
Estos hechos dejaron una profunda huella en José, quien busca justicia y desenmascarar a quienes lo manipularon. Además, busca desbaratar los consejos de la Biblia, como “oren por quienes los insultan”, porque al seguir ese consejo cayó en la trampa de Sandra.
Después de escuchar más detalles, Johan le aconsejó que se olvidara de Sandra y saliera a bailar, a conocer a otras mujeres; tal vez encontraría a alguien que lo ayudara a olvidarla. A José le gustó la idea.
Entonces tomaron un autobús al centro de Lima para ir a una discoteca. Por coincidencia, la ruta pasaba por el instituto IDAT. Como estaban a una cuadra del IDAT, a José de repente se le ocurrió bajar un momento a pagar una clase de sábado a la que se había apuntado. Pudo ahorrar algo de dinero vendiendo su computadora y trabajando durante una semana en un almacén. Sin embargo, tuvo que renunciar porque explotaban a los empleados obligándolos a trabajar 16 horas diarias mientras que solo declaraban 12, y si se negaban a terminar la semana, los amenazaban con no pagarles nada.
José se volvió hacia Johan y le dijo: “Estudio aquí los sábados. Ya que estamos de paso, bajemos un momento, pago mi clase y luego seguimos camino a la discoteca”.
Tan pronto como José pisó la acera, antes incluso de cruzar la calle, se quedó atónito al ver a Sandra allí, parada en la esquina del instituto. Incrédulo, le dijo a Johan: “Johan, no lo puedo creer, Sandra está aquí. Es la chica de la que te hablé, la que ha estado actuando tan extraño. Espérame aquí, le preguntaré si recibió la carta donde le advertí sobre las amenazas de Mónica en su contra, y tal vez finalmente pueda explicarme qué le pasa y qué quiere de mí con todas estas llamadas”.
Johan esperó mientras José se acercaba. Pero apenas había empezado a hablar: “Sandra, ¿has visto mis cartas? ¿Puedes explicarme finalmente qué te pasa?”, cuando Sandra, sin decir palabra, hizo un gesto con la mano. Fue una señal. Entonces aparecieron tres matones, escondidos en diferentes lugares: uno en medio de la calle, otro detrás de Sandra y el tercero detrás de José.
El que estaba detrás de Sandra se acercó y le dijo: “Entonces, ¿eres tú el acosador sexual que molesta a mi prima?”.
José, desconcertado, respondió: “¿Qué? ¿Yo, un acosador? Al contrario, ¡es ella quien me acosa! Si lees la carta, verás que solo intento entender por qué me sigue llamando”.
Antes de que pudiera reaccionar, uno de los matones lo agarró por el cuello por detrás y lo arrojó violentamente al suelo. Luego, junto con el que decía ser primo de Sandra, comenzaron a patearlo. Mientras tanto, el tercer matón lo registraba, intentando robarle. Eran tres contra uno y José yacía indefenso en el suelo.
Afortunadamente, su amigo Johan intervino en la pelea, permitiendo que José volviera a levantarse. Pero el tercer atacante tomó piedras y las arrojó contra José y Johan.
El ataque solo se detuvo cuando intervino un policía de tránsito. El policía se volvió hacia Sandra y le dijo: “Si te está acosando, entonces presenta una denuncia”.
Sandra, visiblemente nerviosa, se alejó rápidamente, sabiendo muy bien que su acusación era falsa.
José, aunque profundamente traicionado, no presentó denuncia. No tenía pruebas de los meses de acoso que había sufrido por parte de Sandra. Pero más allá del shock de la traición, una pregunta lo perseguía:
“¿Cómo pudo haber planeado esta emboscada, si yo nunca vengo aquí los martes por la noche? Solo vengo los sábados por la mañana para mis clases”.
Esto generó en él una duda aterradora: ¿y si Sandra no era solo una mujer, sino una bruja con poderes sobrenaturales?
Estos hechos dejaron una profunda huella en José, quien busca justicia y desenmascarar a quienes lo manipularon. Además, busca desbaratar los consejos de la Biblia, como “oren por quienes los insultan”, porque al seguir ese consejo cayó en la trampa de Sandra.
Yo soy José Carlos Galindo Hinostroza, el autor del blog:
BESTIADN.COM
En 1997, cuando yo tenía 22 años, yo estaba enredado en las intrigas de Sandra Elizabeth, una excompañera del instituto IDAT. Yo estaba confundido respecto a lo que a ella le sucedía. Ella me acosó de una manera muy difícil de narrar, pero de esto hablé en este video:
https://youtu.be/tuKV-RhbyR0
No descarté la posibilidad de que Mónica Nieves, mi exnovia, le hubiera hecho alguna brujería. Al buscar respuestas en la Biblia, yo leí en Mateo 5: “Oren por quienes los insultan”.
Y en esos días, Sandra me insultaba mientras me decía que no sabía qué le pasaba, que quería seguir siendo mi amiga y que debía seguir llamándola y buscándola una y otra vez, y así fue durante cinco meses.
En resumen, Sandra fingió estar poseída por algo para mantenerme confundido. Las mentiras de la Biblia me hicieron creer que las personas buenas pueden comportarse mal por culpa de un espíritu maligno, por eso el consejo de orar por ella no me pareció tan absurdo, porque antes Sandra fingía ser amiga y caí en su engaño.
Los ladrones suelen usar la estrategia de fingir buenas intenciones: para robar en tiendas fingen ser clientes; para pedir diezmos fingen predicar la palabra de Dios, pero predican la de Roma, etcétera, etcétera. Sandra Elizabeth fingió ser amiga, luego fingió ser una amiga en problemas buscando mi ayuda, pero todo era para calumniarme y emboscarme con tres delincuentes, seguramente por despecho porque un año antes rechacé sus insinuaciones, ya que estaba enamorado de Mónica Nieves, a quien fui fiel.
Pero Mónica no confiaba en mi fidelidad y amenazó con matar a Sandra Elizabeth, por lo que terminé con Mónica lentamente, en ocho meses, para que no creyera que era por Sandra. Pero así me pagó Sandra Elizabeth: con calumnias.
Me acusó falsamente de acosarla sexualmente y, con ese pretexto, ordenó a tres delincuentes que me golpearan, todo esto frente a ella. Narro todo esto en mi blog y en mis videos de YouTube.
No deseo que otros justos pasen por experiencias como la mía, por eso he creado lo que estás leyendo. Sé que esto irritará a los injustos como Sandra, pero la verdad es como el verdadero evangelio y solo favorece a los justos.
Difícil… Este video es reciclado de uno de mis antiguos canales.
Resulta que la parte más indignante de toda mi vida, de toda la persecución, fue cuando, presionado, hostigado, amenazado y obligado por los propios familiares más cercanos a tomar unas pastillas bajo amenazas de nuevos encierros… pastillas que yo nunca merecí, porque siempre he sido lúcido.
Esto produjo efectos secundarios devastadores, como la impotencia sexual a mis 26 años solamente. Entonces, no me engordaron como la primera vez que me secuestraron en el año 1998, cuando tenía 23, pero sí causaban el mismo efecto de impotencia sexual. Terrible, terrible.
Yo no sabía qué era peor: si vivir así o rebelarme para que me encerraran nuevamente, injustamente, en una casa de locos, en la clínica Pinel.
Entonces traté de hacer una vida, pero no pude. Conocí a dos chicas porque, bueno, siempre tenía ganas de tener relaciones, ¿no? Pero cuando yo las besaba, algo no se despertaba. La impotencia sexual era evidente a mis 26 años.
Y era frustrante, porque me pasó también con la segunda chica que conocí en aquel 2001, si mal no recuerdo. La primera se llamaba Giovanna y la segunda se llamaba Cristina. En ambos casos no funcionó.
¿Ya? La primera, la que se llamaba Giovanna, tenía en aquel entonces 23 años y yo tenía 26. Y la que se llamaba Cristina, que conocí después, tenía 17 años y yo tenía, como les dije, 26. Pero la relación solamente duró un día. Nos besábamos en la calle, en verdad, en la calle nos besábamos, y ellas querían sentir, ya sabes a qué me refiero, y no pudieron sentir nada porque los efectos eran devastadores.
No importaba la pasión que ellas ponían en los besos ni lo bellas que ellas fueran… porque ellas eran muy bonitas, muy simpáticas, pero yo estaba fuera de carrera por culpa de este hostigamiento. Por culpa de este hostigamiento. Realmente no tenía vida. Era horrible vivir así.
Entonces intenté suicidarme por culpa de esto. No porque yo fuera así, sino porque los efectos secundarios de esas pastillas, que siempre he dicho que nunca merecí, no solo me dificultaban la toma de decisiones, sino que, como les dije, arruinaban mi potencia sexual.
¿Y saben por qué no me maté? Porque cuando iba a hacerlo en el puente Villena, pasó una mujer con un niño pequeño, y yo no quise que el niño viera una escena que lo traumatizara, como la de un hombre suicidándose. Entonces, por eso yo desistí.
Luego regresé para intentarlo de nuevo, y justo calculé que si yo me tiraba, mi cuerpo iba a caerle a un auto que pasaba lentamente desde la Costa Verde subiendo por ese camino. Entonces no lo intenté una tercera vez.
Porque en aquella época el puente Villena era un lugar preferido por muchos suicidas y había vigilancia de serenazgo. Si yo lo intentaba otra vez, mi temor era que me capturaran y llamaran a mi familia y dijeran: “Se quiso matar”, y mi familia lo usara como pretexto para volver a secuestrarme en la clínica Pinel, y esta vez dándome además una pastilla antidepresiva, como si lo que yo tenía no hubiese sido causado por los efectos secundarios de aquella medicación Zyprexa que yo jamás merecí.
Entonces, yo busco justicia, porque todos estos secuestros que padecí fueron por la persecución religiosa que yo sufrí por dejar de ser católico y por criticar el catolicismo. Como yo les dije en otras ocasiones, es persecución religiosa disfrazada de una preocupación genuina por un supuesto enfermo mental que yo nunca he sido, jamás lo he sido.
Miren los detalles y visiten mi página web BESTIADN.COM, porque quiero que se me haga justicia y hago lo que puedo, porque el Ministerio Público de Perú rechazó la denuncia que yo presenté por el intento de secuestro apenas en diciembre del año 2018, cuando intentaron nuevamente secuestrarme simplemente porque hice una página web donde expreso mis ideas religiosas.
¿Ya? Fracasaron, pero yo denuncié, y el Ministerio Público de Perú desestimó las evidencias que presenté. Saludos.
“José Galindo, de nuevo en el lugar de los hechos que acontecieron en el año 1998, donde Sandra, la traidora, me mandó a golpear acá, con mentiras y calumnias…”
El testimonio de José:
Soy José Carlos Galindo Hinostroza, el autor del blog:
BESTIADN.COM
En 1997, cuando yo tenía 22 años, yo estaba enredado en las intrigas de Sandra Elizabeth, una excompañera del instituto IDAT. Yo estaba confundido respecto a lo que a ella le sucedía. Ella me acosó de una manera muy difícil de narrar, pero de esto hablé en este video:
https://youtu.be/tuKV-RhbyR0
No descarté la posibilidad de que Mónica Nieves, mi exnovia, le hubiera hecho alguna brujería. Al buscar respuestas en la Biblia, yo leí en Mateo 5: “Oren por quienes los insultan”.
Y en esos días, Sandra me insultaba mientras me decía que no sabía qué le pasaba, que quería seguir siendo mi amiga y que debía seguir llamándola y buscándola una y otra vez, y así fue durante cinco meses.
En resumen, Sandra fingió estar poseída por algo para mantenerme confundido. Las mentiras de la Biblia me hicieron creer que las personas buenas pueden comportarse mal por culpa de un espíritu maligno, por eso el consejo de orar por ella no me pareció tan absurdo, porque antes Sandra fingía ser amiga y caí en su engaño.
Los ladrones suelen usar la estrategia de fingir buenas intenciones: para robar en tiendas fingen ser clientes; para pedir diezmos fingen predicar la palabra de Dios, pero predican la de Roma, etcétera, etcétera. Sandra Elizabeth fingió ser amiga, luego fingió ser una amiga en problemas buscando mi ayuda, pero todo era para calumniarme y emboscarme con tres delincuentes, seguramente por despecho porque un año antes rechacé sus insinuaciones, ya que estaba enamorado de Mónica Nieves, a quien fui fiel.
Pero Mónica no confiaba en mi fidelidad y amenazó con matar a Sandra Elizabeth, por lo que terminé con Mónica lentamente, en ocho meses, para que no creyera que era por Sandra. Pero así me pagó Sandra Elizabeth: con calumnias.
Me acusó falsamente de acosarla sexualmente y, con ese pretexto, ordenó a tres delincuentes que me golpearan, todo esto frente a ella. Narro todo esto en mi blog y en mis videos de YouTube.
No deseo que otros justos pasen por experiencias como la mía, por eso he creado lo que estás leyendo. Sé que esto irritará a los injustos como Sandra, pero la verdad es como el verdadero evangelio y solo favorece a los justos.
La maldad de la familia de José eclipsa la maldad de Sandra:
José sufrió una traición devastadora por parte de su propia familia, que no solo se negó a ayudarlo a detener el acoso de Sandra, sino que además lo acusó falsamente de tener una enfermedad mental. Sus propios familiares usaron estas acusaciones como pretexto para secuestrarlo y torturarlo, enviándolo en dos ocasiones a centros para enfermos mentales y una tercera vez a un hospital.
Todo comenzó cuando José leyó Éxodo 20:5 y dejó de ser católico. Desde ese momento, se indignó con los dogmas de la Iglesia y comenzó a protestar por su cuenta contra sus doctrinas, además de aconsejar a sus familiares que dejaran de rezar a imágenes. También les comentó que estaba rezando por una amiga, Sandra, quien aparentemente estaba embrujada o poseída.
José estaba bajo estrés debido al acoso, pero sus familiares no toleraron que ejerciera su libertad de expresión religiosa. Como resultado, destruyeron su vida laboral, su salud y su reputación, encerrándolo en centros para enfermos mentales donde le administraron sedantes.
No solo lo internaron en contra de su voluntad, sino que, después de su liberación, lo obligaron a seguir tomando medicamentos psiquiátricos bajo amenazas de nuevos encierros. Luchó por liberarse de esas ataduras y, durante los últimos dos años de esa injusticia, con su carrera profesional como programador destruida, se vio obligado a trabajar sin salario en el restaurante de un tío que traicionó su confianza.
José descubrió en 2007 que este tío le hacía poner pastillas psiquiátricas en su almuerzo sin su conocimiento. Fue gracias a la ayuda de una empleada de cocina, Lidia, que logró descubrir la verdad.
Desde 1998 hasta 2007, José perdió prácticamente diez años de su juventud por culpa de familiares traidores. En retrospectiva, se dio cuenta de que su error fue defender la Biblia para negar el catolicismo, ya que sus familiares nunca le permitieron leerla. Ellos cometieron esta injusticia porque sabían que él no tenía recursos económicos para defenderse.
Cuando finalmente logró liberarse de la medicación forzada, creyó que había conseguido el respeto de sus parientes. Sus tíos y primos maternos incluso le ofrecieron empleo, pero años después lo traicionaron nuevamente con un trato hostil que lo obligó a renunciar. Esto le hizo pensar que nunca debió haberlos perdonado, ya que sus malas intenciones quedaron en evidencia.
A partir de ese momento, decidió volver a estudiar la Biblia, y en 2017 comenzó a notar sus contradicciones. Poco a poco entendió por qué Dios había permitido que sus familiares le impidieran defenderla en su juventud. Descubrió las inconsistencias bíblicas y comenzó a denunciarlas en sus blogs, donde también relató la historia de su fe y el sufrimiento que padeció a manos de Sandra y, sobre todo, de sus propios familiares.
Por este motivo, su madre intentó secuestrarlo nuevamente en diciembre de 2018 con la ayuda de malos policías y un psiquiatra que emitió un certificado falso. Lo acusaron de ser un “peligroso esquizofrénico” para encerrarlo de nuevo, pero el intento fracasó porque él no estaba en casa. Hubo testigos del hecho y audios que José presentó como pruebas ante las autoridades peruanas en su denuncia, la cual fue rechazada.
Su familia sabía perfectamente que él no estaba loco: tenía un trabajo estable, un hijo y a la madre de su hijo a quien cuidar. Sin embargo, aun conociendo la verdad, intentaron secuestrarlo con la misma calumnia de antaño. Su propia madre y otros familiares fanáticos católicos lideraron el intento. Aunque su denuncia fue ignorada por el Ministerio, José expone estas pruebas en sus blogs, dejando en claro que la maldad de su familia eclipsa incluso la de Sandra.
Las imágenes que recrean mi experiencia entre 1997 y 1998 fueron generadas con IA. Esta foto es real y la historia también.
[Diálogos: el antes y el después]
Los programas los hago en menos de la mitad del plazo. Creo que llegaré lejos como programador. Completamos la semana. No pagan nada. No sé si me van a creer. Hace seis meses yo trabajaba como programador 40 horas a la semana. Nos dijeron 12 horas de trabajo al día por la campaña escolar en este almacén de artículos de librería. Pero son 16. Al que no completa la semana no le pagan nada. No voy a regalar mi primer día de trabajo. Solo por eso voy a terminar la semana. Mira, como proteínas en vez de pollo nos dan gorgojos.
Nos dan café para resistir 16 horas como estibadores. Estos dos petipanes equivalen a medio pan francés. Nos dan café para resistir 16 horas como estibadores.
[Contexto]
El símbolo de mi blog significa que estoy en contra de la mezcla entre el trigo y la cizaña. El Yin Yang para mí representa una combinación de la luz y la oscuridad, donde parte de la oscuridad está mezclada con la luz y parte de la luz está mezclada con la oscuridad. Porque hay impíos que viven en libertad cuando no lo merecen y hay justos que están en cautiverio cuando no lo merecen. Yo quiero la separación: la luz en un lado y la oscuridad en otro lado. Por eso es mi símbolo. La verdad destruye la injusticia.
Bueno, hablando de injusticia, voy a contar mi experiencia laboral cuando yo era joven, cuando tenía 23 años. Muy brevemente, ¿no?
Yo estudié Computación e Informática en IDAT porque un tío, un tío de nombre Manuel, me dijo cuando yo era joven que renunciara a un trabajo de obrero que yo había conseguido recién en Pepsi, donde yo era un operario de producción. Este tío me llamó desde los Estados Unidos, donde él radicaba y donde hacía dinero en el cine porno. Había hecho mucho dinero en el cine porno.
Y me dijo: “Sobrino, ¿qué estás haciendo?”.
“Tío, acabo de conseguir un trabajo en Pepsi”.
“¿De qué?”.
“Ah, obrero”.
“¿Obrero? ¿Mi sobrino obrero? No, no, no. Tú eras bueno en matemáticas, en geometría. ¿Cómo vas a ser obrero?”.
“No, tío, yo necesito trabajo. La familia está en crisis económica. Yo estoy contento con mi chamba, voy a hacer un aporte para mi casa”.
“No, no, no. Vas a estar en la pobreza. ¿Cómo vas a ser un obrero? Tú tienes tu tío que es ingeniero civil. Yo te voy a pagar los estudios. Escoge instituto, yo te pago útiles, pasajes, propina, todo”.
“Después, tío, no te voy a poder pagar”.
“No, no me gusta deberle a nadie”.
“No te preocupes. Cuando termines tu carrera, seas profesional y ganes tu dinero de lo que has estudiado, ahí me pagas”.
Me insistió, pues, y yo acepté. Entonces estudié Computación e Informática, primero en Cibertec, luego en Computronic, después en IDAT y, bueno, como lamentablemente en ese momento no tenía quien me diera un consejo y también tenía inexperiencia, cometí un error de juventud: me dejé dominar porque me enamoré.
Y como era habilidoso en la programación de computadoras, porque para programar era muy hábil, algunos sabrán que para programar no se necesita tener mucha memoria ni estudiar mucho; simplemente es creatividad y lógica. Entonces, como yo siempre he sido bueno en creatividad y lógica, programar computadoras siempre me ha sido fácil.
Entonces me confié mucho en mí mismo, confié demasiado en mi capacidad, pero no estudiaba los cursos que había que practicar: matemática, contabilidad, estadística. Esos cursos no los practiqué y, a pesar de que sacaba buenas notas, no pude egresar porque en realidad para egresar en ese momento tenía que estar invicto, y yo tenía cursos jalados.
Y yo paraba mucho tiempo con mi enamorada Mónica en ese momento, y ella me decía: “José, te necesito como el agua para beber, como la sangre en mis venas, como el aire para respirar”. Realmente me adulaba, me adulaba mucho, me decía bastantes flores. Pero realmente no me amaba, porque cuando yo quería estudiar nunca me decía: “Okay, estudia”. Al contrario, me retenía. Nunca me preguntaba por mis notas, qué estaba sacando, nada.
Decía que se iba a casar conmigo y nunca me entregó lo que todo el mundo le pide a una mujer, sino de forma parcial. No quiero ser muy explícito.
Y bueno, el defecto que yo tenía era que no conocía la verdad. Ni siquiera conocía el 5% de lo que hoy conozco de la verdad, y realmente me dejé dominar, me dejé engañar.
Conclusión: cometí el error de no dedicarme a los estudios. No. El primer error que yo cometí fue aceptar la ayuda del tío. Nada como haber sido independiente y no tener que pedirle prestado a nadie, y haber seguido como obrero. El segundo error fue dejarme manipular por mi primera enamorada y no estudiar para aprobar los cursos generales, como digo. Por esos cursos generales jalados no me titulé.
Entonces, cuando llegó el momento de que terminé los tres años, que supuestamente duraba tres años esa carrera en IDAT, mi tío me dice:
“Pepe, ya habrás terminado los tres años, ¿no? Ya estás titulado”.
Y yo le dije:
“No, tío. Ha habido cambios en el plan curricular del instituto. Ahora piden un ciclo adicional que se llama SIDET, que dura unos cinco meses más”.
“Okay. ¿Cuánto cuesta?”.
“Hay un detalle: para poder hacer el SIDET uno tiene que estar invicto, y yo no estoy invicto. En realidad he jalado cuatro cursos”.
Y había jalado, en efecto, contabilidad, matemáticas, estadística y un curso más que no recuerdo. Pero había jalado cuatro cursos generales que no tenían nada que ver con la programación de sistemas. Porque yo programando sistemas era muy bueno. Los profesores de programación se acordarán de mí. A mí hasta me exoneraban exámenes porque siempre los hacía rápido. Era muy habilidoso para programar. Pero en los cursos generales, que prácticamente ni se usan en la carrera, ahí estaba jalado.
Entonces ahí es donde el tío me dio la espalda. A pesar de que era un préstamo y yo también había invertido mi dinero. Yo pienso que él debió decir: “Okay, José, te equivocaste, pero como es un préstamo, como tú me tenías que devolver y como tú también has invertido tu tiempo, te voy a terminar de ayudar, no te voy a dejar”.
Pero no. Él dijo: “¿Sabes qué? Tienes dos manos y tienes dos pies. Arréglatelas tú solo”. Ya no me quiso ayudar. Ya no me quiso apoyar económicamente. Mis padres no tenían dinero. Ellos ya estaban en Estados Unidos, pero me decían que no me podían ayudar.
Yo vivía en la casa de una tía en esa época, primero donde la abuela materna y después donde la abuela paterna. Y el punto, y estoy tratando de resumir porque es una historia como para una novela, el punto es que yo ya necesitaba trabajar, necesitaba dinero.
Y como era bueno programando, conseguí un trabajo en Yichang, donde para ese momento ser egresado bastaba y tener los estudios que yo tenía era suficiente. Me probaron la habilidad para programar y fui aceptado en Yichang. Pero me pagaban muy poco, demasiado poco: 350 soles como practicante. Y prácticamente yo vivía de eso. Como no tenía más dinero, vivía realmente muy ajustado económicamente. Zapatos con huecos, camisa vieja… realmente no tenía ni siquiera dinero para irme a una fiesta o tratar de conocer una chica. Nada. No tenía nada. Realmente no tenía dinero, solamente para sobrevivir.
Y ese momento, que era un lapso entre el día que Sandra me trató mal y yo no sabía por qué, y…. En ese tiempo yo estaba libre, ¿no? En ese momento yo podía haber encontrado otra pareja, pero realmente no tenía dinero ni siquiera para salir a conocer chicas. Estaba muy mal [económicamente]. Tenía trabajo, pero ganaba muy ajustado. Era un trabajo como practicante.
El digitador ganaba 700 y yo ganaba 350 soles. 350 soles en el año 1997 era muy poco, realmente muy poco.
¿Y qué más pasó? Bueno, pasaron seis meses en ese trabajo, en Yichang. Pero antes de esto yo había pedido aumento.
“¿Me pueden aumentar? Necesito un aumento”.
No me daban respuesta. No me respondían. “Pucha madre, necesito un aumento”.
Y como no me daban respuesta, y yo ya había cumplido seis meses, que generalmente es la experiencia mínima que te piden para ir a otro lado, dije: “Voy a buscar otro trabajo porque yo soy hábil en esto y necesito ganar más sí o sí”.
Y conseguí otro trabajo en una empresa que se llamaba Sistemas Personales y Servicios, que le hacía outsourcing al Banco Santander. Entonces me aceptaron, una prueba de habilidad, y comencé trabajando para el Banco Santander, en la calle Chinchón, en San Isidro.
Yo estaba feliz. Claro, el terno era prestado por mi primo y todo, pero ya para entonces yo había saludado a Sandra por su cumpleaños.
La historia con Sandra es una historia que cuento paralelamente en otro video porque es una historia paralela que tiene aristas muy complicadas, pero la detallo lo más que puedo en otro video. Y ahí es donde Sandra me comienza a mecer. Me dice: “José, ven”, y luego me insulta. Me mece, me mece, me mece… y me va desgastando.
Yo, como un cojudo, estaba atormentado porque me llamaba mañana, tarde, noche, las 24 horas del día, hasta en la madrugada, y no me dejaba dormir ni pensar. Es una tortura que ya comienzo a sufrir de parte de ella y que cuento en otro video con más detalle. Pero aquí me quiero enfocar en mi experiencia laboral.
Y justo para mi mala suerte, yo recuerdo que las cosas me comenzaron a salir mal, como una maldición por esa época. Yo recuerdo que el primer día cuando yo estaba trabajando en el Banco Santander, el primer día se cayó el sistema AS/400. Se cayó a las 11 o 12 del mediodía.
Yo miraba que todo el mundo jugaba Solitario cuando se caía la red AS/400 porque cuando se cae esa red interna nadie podía trabajar en el AS/400. Era un sistema en red que generalmente tenían los bancos y las empresas mineras. En esa época era algo común. Nadie podía trabajar y todo el mundo se ponía a jugar Solitario.
Ahí entendí algo que ocurría en Yichang cuando yo trabajaba. En Yichang era normal que la gente jugara Solitario cuando se caía la red porque cuando se caía el AS/400 no se podía trabajar. Y era algo habitual. A veces se caía y la gente, para no estar aburrida porque no se podía ni imprimir nada, jugaba Solitario en la PC.
Entonces yo me acuerdo que el primer día en el Banco Santander, en el departamento de sistemas, que estaba en el octavo piso en la calle Chinchón, cuadra nueve, en San Isidro, todos jugaron Solitario. Era un departamento de sistemas que tenía como 20 o 30 personas, no me acuerdo muy bien, pero ocupaba todo un piso. Y toda la gente estaba con el Solitario. Y yo también lo hacía. Nunca imaginé que estaba prohibido.
Yo recuerdo que en la quincena a un compañero que venía de otro instituto le pagaban 1,000 dólares al mes y a mí me pagaban 1,000 soles al mes. Y cuando él vio mi cheque de la quincena, me dijo:
“Oye, ¿tu cheque de cuánto es? ¿500 dólares será?”.
Y yo dije: “500 soles”.
“¿Qué? ¿Solo 500 soles?”, dijo él.
Y él estaba un poco molesto porque sentía que yo me estaba tirando el piso. En realidad yo no sabía precios de mercado. Pero yo le dije:
“Bueno, yo gano menos porque recién tengo experiencia, estoy comenzando. Apenas tengo seis meses como programador”.
Y él me dijo: “Oye, estás cobrando muy barato”, etcétera, etcétera.
El punto es que al día siguiente, el día 16, a primera hora se cae la red. A primera hora se cae la red. No se podía trabajar sin la AS/400. Mi horario era de 9 a 5, de lunes a viernes. Llego y nadie podía trabajar con la AS/400. No había nada que hacer.
Yo estaba bien confiado porque en ese momento todavía era católico. Confiaba mucho en mí mismo e ignoraba muchísimas cosas que hoy sé. Yo decía: “Soy un buen programador, aparte no estoy haciendo nada malo. Voy a jugar Solitario. No pasa nada si todo el mundo lo hizo el primer día. La gente jugaba Solitario. No debe estar prohibido”. Yo estaba confiado, realmente confiando en mi habilidad.
Me puse a jugar Solitario y veía que nadie más jugaba Solitario. Me parecía extraño que nadie más jugara Solitario. Miraba alrededor, eran como ocho programadores que yo tenía a la vista, y ninguno jugaba Solitario. “Qué extraño que nadie juegue Solitario, solamente yo”.
Y en eso mi compañero, el mismo que ganaba 1,000 dólares, me dice:
“Oye, José, veo que estás jugando Solitario”.
“Sí”.
“Eso está prohibido”.
“¿Qué? ¿Está prohibido? Nadie me dijo nada”.
“Ese que está ahí es el gerente general de sistemas.” Ese gordo al que nunca le vi la cara, siempre le veía la espalda de la cabeza, parecía un panetón. Un pelado, más pelado que yo. “Ya te vio, huevón. Después le va a hablar a tu jefe”.
Y justo vino mi jefe, un español de nombre Moisés Sánchez, un ingeniero de sistemas. O sea, ese gordo que pasó era el jefe de mi jefe, el gerente general.
Se acercó Moisés Sánchez y me dijo:
“José, ¿es verdad que estuviste jugando Solitario?”.
Yo le dije:
“Sí, Moisés, pero yo no sabía. No conocía el reglamento”.
Y él respondió:
“Sí, fue mi culpa. No te di el reglamento. Yo debía enseñártelo”.
“Sí, pues, la verdad no sabía que estaba prohibido”.
“Sí, fue mi culpa, como te digo. Pero me da pena que esto pase. Mi jefe se ha molestado y no sé qué va a decir. Me dijo: ‘Oye, el del terno azul ha estado jugando Solitario’. Así que me está llamando para hablar con él. Ya vengo”.
Después fue a hablar con ese señor y regresó al poco tiempo.
Me dijo:
“¿Sabes qué, José? Mi jefe quiere que te vayas”.
“¿Qué? ¿Quiere que me vaya? ¿Pero no puedo hablar yo con él y explicarle que no sabía el reglamento, que fue una falta involuntaria?”.
“No, no. Es una persona inflexible”.
Entonces yo le dije a Moisés:
“Entonces esta es mi última semana, ¿no?”.
“No”.
“¿Mi último mes?”.
“No”.
“¿Mi último día?”.
“No, quiere que te vayas ahorita”.
Qué humillación, qué vergüenza. Me tuve que ir ahí mismo. Y había una chica con la que me estaba haciendo amigo, una chica que me gustaba. Estábamos congeniando. De repente ella se convertía en mi segunda enamorada después de Mónica, porque la estaba cortejando. Y todo se fue, todo se arruinó porque prácticamente me quedé sin trabajo.
Todo porque ese gordo hizo que yo me fuera simplemente por jugar Solitario, sin considerar que yo no conocía el reglamento y sin considerar que no había nada más que hacer porque el sistema estaba caído.
Y bueno, fue muy radical y prácticamente me dijo que me tenía que ir. Pero antes de que me fuera, Moisés me dijo:
“José, a mí me da pena que estas cosas pasen por cuestiones disciplinarias y no por cuestiones técnicas, porque tú tienes buena técnica”.
Y en efecto, yo tenía buena técnica.
Yo me acuerdo que un reporte, por su complejidad, mi jefe me decía:
“José, este reporte, por su complejidad, será para unos tres días”.
Yo lo hacía en un día.
“Moisés, aquí está el reporte”.
Luego me daba otro programa para hacer:
“José, este programa, por su complejidad, yo creo que para mañana lo tendrás listo”.
Y yo lo hacía en tres horas.
“Aquí está”.
O sea, yo era muy hábil programando. Muy hábil. Me sentía como pez en el agua. Era sobresaliente, muy sobresaliente. Entonces yo creo que realmente tenía un futuro brillante como programador, y me frustró mucho lo que había pasado.
Y bueno, volviendo al último día, las últimas palabras que me dijo Moisés Sánchez cuando ya me estaba yendo fueron:
“José, como te digo, me da pena que sea por algo disciplinario y no por algo técnico, porque técnicamente eres un excelente programador. Por el juego que te he visto, has estado muy bien. ¿Sabes qué? Hay una empresa minera que está pagando 1,500 soles y un amigo trabaja ahí. Yo te voy a recomendar. Esta es su tarjeta. Anda el lunes a presentarte para la entrevista”.
Este día era un miércoles de septiembre del año 1997. Ese miércoles Moisés Sánchez me dio la tarjeta.
Y bueno, lo voy a resumir porque es bien triste. Ese domingo de esa misma semana, o sea un día antes del lunes, unos cuatro días después, me puse a jugar fulbito en un parque de Santa Catalina con los vecinos de mi barrio, los vecinos de Balconcillo. Yo vivía por La Huaca, por Santiago Cárdenas.
Ahí no estaba mi amigo Johan, pero ese grupo era el grupo de mi amigo Johan. Creo que Johan ya vivía ahí, pero ese día no estaba. La cosa es que me fui a jugar con esos vecinos: un tal Rolando, Guillermo, Gustavo… no recuerdo quién más.
Nos fuimos a jugar al parque de Santa Catalina, por la avenida Canadá. Ahí, detrás de un Banco de Crédito, había un parque donde jugábamos fútbol.
Y yo me acuerdo que le dije a mi abuela materna, a quien le gustaba ver fútbol —creo que simpatizaba con Alianza—:
“Abuela, tanto que te gusta el fútbol, ¿por qué no me vienes a ver jugar? Voy a jugar con mis amigos”.
Y mi abuela fue a verme.
Yo estaba jugando con los que consideraba mis amigos. Y había uno que me tenía cólera. Yo era rápido. Tengo pie plano, ¿entiendes? Entonces, nunca me consideré un gran jugador porque las cosas no siempre me salían como quería, pero aun teniendo pie plano tenía velocidad y algunas técnicas. Jugaba de una manera aceptable.
Ese día yo le quitaba la pelota constantemente a un tipo del otro equipo, que era el cuñado de mi vecino Rolando. Trabajaba como albañil. Le quitaba la pelota a cada rato y mi equipo iba ganando. Yo metía varios goles. Tenía 22 años, era flaco y rápido como una bala.
Mi abuela se fue y yo me quedé jugando. Después ya me había cansado y quería irme a hacer otras cosas, tal vez prepararme para la entrevista. Entonces dije:
“Bueno, ya me voy”.
Pero se había perdido mi reloj. Se me había caído en la cancha. Entonces regresé a buscarlo. Y mientras lo buscaba todavía bromeaba:
“Mira, mientras busco mi reloj juego mejor que cuando estoy concentrado en el partido”.
Y para qué regresé.
Recuerdo una jugada. El defensa del otro equipo, el albañil del que hablé, era como un perro mudo. Yo siempre iba fuerte, pero limpio. Él salía con la pelota y yo corrí tras él. Me barrí con todo para quitarle la pelota y pasársela a Guillermo.
“¡Guillermo, la pelota!”.
Me barrí al piso y le quité la pelota limpiamente. Pero cuando estaba en el suelo, mi brazo quedó estirado así. Y ese concha de su madre, perdón la palabra, viendo que yo estaba tirado en el piso con el brazo extendido, puso todo su peso encima de mi codo a propósito. Yo sé que lo hizo a propósito.
Y me dislocó el brazo. El brazo quedó al revés, completamente dislocado. Mira cómo quedó. Si observan acá hay un hueso medio salido, y acá está normal. Este es el recuerdo de ese partido, de ese día, que fue una desgracia para mí.
Fue muy triste. No fue fractura, fue dislocación. Horrible realmente.
Y ese baboso que se puso encima de mi codo, ¿acaso se me acercó para decirme: “¿Estás bien? Disculpa, no quise lastimarte”? No. Nunca se acercó. Era como un criminal sin remordimiento. Eso demuestra que lo hizo a propósito.
Jamás se acercó a decirme: “Disculpa, brother, ¿estás bien?”. Nunca, ni siquiera para disimular sus intenciones. Siempre fue como un perro mudo.
Y los que yo consideraba mis amigos, ¿acaso alguien lo reprendió? ¿Alguien le dijo: “Oye, baboso, eso fue a propósito”? Nadie.
Bueno, voy a resumir. Llegué a mi casa y no podía ni cambiarme. Después me fui con unos primos donde un huesero. Uno de ellos me ayudó. El huesero me vendó el brazo.
Conclusión…
Yo me acuerdo de una jugada, ¿no? El defensa del otro equipo, ese albañil del que les hablo, era como un perro mudo. Porque yo me metía fuerte, pero siempre iba a la pelota. Yo siempre jugaba limpio.
Yo me acuerdo que él salía con la pelota y yo corrí detrás de él. Me barrí con todo para quitarle la pelota y dársela a un compañero de nombre Guillermo. Entonces yo me barrí al piso y le quité la pelota limpiamente de los pies para dársela a mi vecino Guillermo.
Pero cuando estaba en el piso, mi brazo quedó tendido así. Y ese concha de su madre, perdón la palabra, porque realmente es un concha de su madre, viendo que yo estaba tirado en el piso con el brazo estirado, puso todo su peso encima de mi codo a propósito. Yo sé que lo hizo a propósito.
Y me dislocó el brazo. Mi brazo quedó al revés, completamente dislocado. Mira cómo está. Si ustedes observan acá hay un hueso medio salido y acá está normal. Este hueso medio chueco [en la muñeca] quedó como recuerdo. Mira, suena. Bueno, acá no suena tanto, pero quedó raro, como un conejo, ¿no? Y así quedó. Este es el recuerdo de ese partido, de ese día, que fue una desgracia para mí.
Fue muy triste. No fue fractura, fue dislocación. Horrible realmente. Yo estaba destruido. Luego yo mismo me enderecé el brazo como pude.
Y ese baboso que puso su cuerpo encima de mi codo, ¿acaso se me acercó para decirme: “¿Estás bien? Disculpa, no quise lastimarte”? No. Nunca se me acercó. Era como un criminal que mata a alguien y no siente ningún remordimiento. Evidentemente eso demuestra que lo hizo a propósito.
Jamás se me acercó a decirme: “Disculpa, brother, ¿estás bien? No te quise lastimar”. Nunca. Ni siquiera para disimular sus intenciones. Simplemente se quedó ahí como un perro mudo.
Y mis amigos, los que yo consideraba amigos, ¿acaso alguien lo reprendió? ¿Alguien le dijo: “Oye, baboso, eso fue a propósito”? Nadie lo reprendió. Nadie dijo nada.
Bueno, voy a resumir. Llegué a mi casa y no podía ni cambiarme. Me fui con unos primos donde un huesero. Uno de ellos me ayudó a ir. El huesero me vendó el brazo.
Conclusión: no pude presentarme a la entrevista de trabajo del lunes. No pude porque estaba realmente mal, muy deshabilitado. No podía ni moverme bien. Era una cosa terrible. Estaba prácticamente con un solo brazo.
Entonces ya me sentía acabado y no pude ir a la entrevista. Perdí esa oportunidad de trabajo. Y esa lesión me duró varios meses. Primero solamente podía mover el brazo así, despacio, con mucho dolor.
Y mientras tanto Sandra seguía meciéndome, como cuento en otro video. Esa es otra historia paralela. Aquí quiero enfocarme más en la parte laboral. Pero mientras mi vida laboral se destruía, Sandra seguía atormentándome psicológicamente con llamadas, insultos y contradicciones.
Luego, meses después, cuando ya me había recuperado un poco y quería volver a buscar trabajo en programación AS/400, ya no encontraba trabajo. Pedían egresado, titulado, pedían cursos de Visual Basic, FoxPro, Windows NT y otras cosas que yo no tenía.
A mí ya no me habían enseñado Windows NT porque el plan curricular de IDAT de mi generación fue prácticamente el último plan desactualizado. Justo después comenzaron a actualizar la carrera. O sea, conclusión: yo me había quedado atrás justo en el peor momento.
Esos cursos nuevos, que eran los requisitos que pedían las empresas, me los habrían enseñado si yo hubiese podido entrar al SIDET. Pero ya no tenía quién me apoyara con los estudios. Mi tío Manuel había dejado de ayudarme, mis padres no tenían dinero y realmente fue muy frustrante para mí.
A pesar de mi habilidad para programar, no podía encontrar trabajo por esa falta de cursos actualizados. No pude actualizarme. Y sobre todo porque tampoco tenía el título.
¿Y por qué no tenía el título? Porque había jalado cursos por mi propio error. Un error que quise que mi tío me perdonara, pero no me perdonó. No tuvo misericordia. Me abandonó.
Y sin considerar, como digo, que yo mismo había invertido mi tiempo. O sea, también me perjudicaba quedarme en el aire. Yo pensaba: “¿Para qué gastó tanto dinero en ayudarme si al final me iba a dejar botado antes de terminar?”.
Bueno, ya no quiero alargar más ese tema. El punto es que necesitaba trabajo y como no encontraba nada en programación tuve que buscar otra cosa. Tuve que buscar aunque fuera trabajo de obrero.
O sea, el mismo tipo de trabajo manual que había encontrado cuando tenía 17 años en Pepsi, con mi libreta militar en 1992, tenía que volver a hacerlo ahora a los 22 para 23 años.
Y yo pensaba: “Mejor nunca hubiese aceptado la ayuda de mi tío Manuel”.
Porque si hubiese seguido en Pepsi, tal vez ya sería supervisor. De repente me habrían capacitado como montacarguista o algo así. Habría aprendido un oficio estable.
Pero bueno, tuve que hacer un currículum sin mencionar mi experiencia como programador de sistemas ni mis estudios, para que me aceptaran como obrero. Porque si ponía que había estudiado computación, no me iban a aceptar. Iban a pensar que yo no duraría en trabajo pesado.
Como sí tenía una experiencia previa de obrero en vacaciones, puse eso. Porque en vacaciones de IDAT alguna vez trabajé de jardinero y otras cosas para recuperarme económicamente cuando me quedaba sin dinero.
La cosa es que conseguí trabajo como ayudante de almacén. ¿Cómo lo conseguí?
Salió un aviso en El Comercio, si mal no recuerdo, donde pedían operarios de almacén. Decía que nos presentáramos a las 8 de la mañana.
Fuimos varios jóvenes desesperados por trabajo. Nos hicieron esperar bastante y recién nos recibieron como a las 10 de la mañana. Entonces vino un gordo, que era el supervisor, y nos dijo:
“Bueno, estamos en campaña escolar. Como somos un almacén grande de librerías, necesitamos obreros que trabajen 12 horas. Normalmente son 8, pero por campaña van a ser 12. De 8 a 8. ¿Aceptan?”.
Y aceptamos.
Mentira.
Nos quedábamos hasta después de las 12 de la noche. Más o menos hasta media hora después de medianoche. O sea, prácticamente hasta la 1 de la madrugada del día siguiente. Eran casi 17 horas de trabajo.
Y lo peor de todo es que el almuerzo y el lonche nos los daban espaciados para exprimirnos. Recién a las 3 de la tarde nos daban almuerzo. ¿Y qué era? Arroz con trigo lleno de gorgojos.
Sí, gorgojos. Proteínas gratis, prácticamente. Eso nos daban.
Y el lonche, como a las 8 de la noche, para seguir exprimiéndonos y mantenernos despiertos, era una tacita pequeña de café con dos mini panes. Dos petipanes diminutos.
Entonces, como a las 12:30 de la madrugada vino el mismo gordo supervisor y dijo:
“Por si acaso, si alguno se está arrepintiendo de haber empezado a trabajar acá, para pagarles tienen que terminar la semana. Nosotros no pagamos por día. Si alguien cree que se va a ir y le vamos a pagar el día, está equivocado. No le pagamos nada”.
O sea, prácticamente era una amenaza.
Y los vigilantes se aseguraban de que nadie se llevara evidencia. Nadie podía llevarse las tarjetas de marcación. Y si mal no recuerdo, nosotros solamente marcábamos el ingreso. La salida la marcaban ellos.
Probablemente marcaban como si saliéramos a las 8 cuando en realidad salíamos pasada la medianoche.
Los vigilantes parecían esclavistas, cuidando que nadie se llevara pruebas. Era realmente indignante.
Yo no quería volver porque era una explotación terrible. Pero pensé: “Si me voy ahora, voy a regalar mi día de trabajo”.
Y el trabajo era de estibador. Cargar y descargar cajas que pesaban en promedio 20 kilos. Era un trabajo durísimo. Yo era joven y fuerte, pero aun así era agotador.
Había que cargar camiones, descargar camiones, viajar en las tolvas, ir de un almacén a otro sin parar. A veces iba al almacén del centro de Lima y luego regresaba otra vez.
Y para mí todo eso era muy frustrante. Imagínense lo que sentía después de haber estudiado Computación e Informática, de haber sido programador y haber encontrado por fin un trabajo decente en sistemas, para terminar otra vez haciendo trabajo de obrero.
Sentía que todo había sido un fracaso. Que por gusto había estudiado tres años Computación e Informática para terminar así.
Y me preguntaba: “¿Para qué estudié? ¿Por qué mi tío no terminó de ayudarme?”.
Yo estaba muy furioso.
La cosa es que trabajábamos hasta pasada la medianoche y yo vivía en Balconcillo, por Santiago Cárdenas, en la casa de mi abuela materna. Para llegar desde Ate hasta mi casa demoraba aproximadamente una hora y media.
Cuando salía a la 1 o 1:30 de la madrugada, llegaba a mi casa como a las 3. Y tenía que despertarme a las 6 para volver a salir y llegar puntual a las 8. Dormía apenas cuatro horas.
Era joven y fuerte, pero me estaban explotando.
Al día siguiente [mejor dicho, ese mismo día domingo], llegué como a las 8:03 o 8:05 de la mañana y el mismo gordo supervisor me dijo:
“José, has llegado tarde”.
Y yo indignado le respondí:
“Oe, compadre, tú vives acá, ¿no? Tú mismo has visto que hoy hemos salido pasada la medianoche. Ni siquiera puedo decir ‘ayer’, porque hemos salido hoy en la madrugada. Ustedes dijeron que el trabajo era de 8 de la mañana a 8 de la noche y terminaron haciéndonos trabajar hasta más de las 12, casi hasta la 1 de la madrugada. Y ahora, por tres minutos, me llamas la atención.
Encima dijeron que si uno no terminaba la semana no le pagaban nada. O sea, prácticamente obligaban a la gente a seguir viniendo aunque estuviera destruida físicamente. Yo solo terminé la semana por eso, para no regalar mi trabajo”.
Y claro, varios de los que estaban conmigo también pensaban igual. Muchos terminaron la semana y se largaron. Yo también terminé la semana y me fui.
Me pagaron 222 soles por esa semana en ese almacén de librerías de nombre chino o japonés, que no voy a especificar ahora.
Y eso era esclavitud.
[Resumen – Diálogos antes y después]
Los programas los hago en menos de la mitad del plazo. Creo que llegaré lejos como programador. Si no completamos la semana, no pagan nada. No sé si me van a creer. Hace seis meses yo trabajaba como programador 40 horas a la semana. Nos dijeron 12 horas de trabajo al día por la campaña escolar en este almacén de artículos de librería. Pero son 16. Al que no completa la semana no le pagan nada. No voy a regalar mi primer día de trabajo. Solo por eso voy a terminar la semana. Mira, como proteínas en vez de pollo nos dan gorgojos.
Nos dan café para resistir 16 horas como estibadores. Estos dos petipanes equivalen a medio pan francés. Nos dan café para resistir 16 horas como estibadores.
Las imágenes que recrean mi experiencia entre 1997 y 1998 fueron generadas con IA. Esta foto es real y la historia también.
A los 22 años, mi carrera como programador se truncó por traiciones familiares. Pocos meses después me vi forzado a trabajar como almacenero en un conocido almacén de artículos de librería aquí en Lima, Perú.
Allí fui testigo de una explotación disfrazada de oferta laboral. Nos dijeron que normalmente se trabajaba 8 horas y que por la campaña escolar de 1998 serían 12 con pago de horas extra. Nunca fue así.
Nos hacían trabajar 16 horas y no nos dejaban marcar la tarjeta de salida. Los vigilantes la marcaban por nosotros. Además, si no completabas la semana, no te pagaban nada.
Y durante esa semana, el almuerzo de las 3 de la tarde era guiso de trigo con abundantes gorgojos. Quizá alguien que haya estado allí vea este video y lo confirme. Sí, eso pasaba en ese almacén en Ate.
Antes de esta caída brusca, yo recibí críticas despóticas de cierto tío respecto a un trabajo de obrero que conseguí a los 17 años.
“Yo soy ingeniero, ¿cómo mi sobrino va a ser un simple obrero?”.
Él insistió en que aceptara su préstamo para no caer en la pobreza. Cometí el error de aceptar su ayuda, pues luego me traicionó y, pudiendo hacerlo, no terminó de completar el préstamo hasta que terminara mi carrera y quedara adecuadamente preparado.
Por eso se truncó mi carrera. Su comentario despectivo decía mucho de él y debí evitar su préstamo.
«La carne es la prueba que separa al justo del impostor, a la oveja del lobo en piel de oveja que busca devorar carne. El cordero prefiere la hierba, el lobo busca el sacrificio. El falso profeta defiende el ‘evangelio de la prosperidad’: ‘Dios es omnipresente, pero su voz solo se activa cuando financias el ministerio.’ Solo los observadores lo notan.
El hombre dejará a su padre y a su madre. //10
Bautismo: ¿necesidad real o NEGOCIO que vive de hacerte creer que lo necesitas? //48
El santo se casa y desata la furia de Babilonia, la Gran Prostituta, que pierde a su cliente. //86
Yahvé y los otros dioses //37
Isaías 42:17 Serán vueltos atrás y en extremo confundidos los que confían en ídolos, y dicen a las imágenes de fundición: Vosotros sois nuestros dioses. Si alguna de esas imágenes, a las que la gente les reza, pudiera ser de carne y hueso y caminar por nuestras calles, y se hiciera pasar por santo, como un ángel que lleva el supuesto mensaje ‘ama a tu enemigo, no me excluyas’, seguro que un hombre coherente e informado podría desenmascararlo así: ‘Juan 3:16 afirma que Dios amó al mundo. Juan 17:9 dice que Jesús no oró por el mundo. Dos textos, una sola pregunta: ¿cómo encajan? Y, hablando de cosas que no encajan, a mí no me engañas. Si Daniel 9:21 dice que Gabriel es varón, y si Deuteronomio 22:5 señala que Dios abomina al varón que se viste como mujer, pero Gabriel es amado por Dios, tú no puedes ser Gabriel.’ //21
Hechos 10:25: ‘Levántate, yo soy solo un hombre’. — San Pedro. Eso es, ‘inclínate ante mí’. ¿El sucesor de San Pedro? Un hombre se postró delante de Pedro… pero Pedro lo detuvo: ‘Levántate, yo también soy hombre’ (Hechos 10:25). Pedro rechazó que se inclinaran ante él. No aceptó adoración para sí mismo. Hoy, quienes dicen ser los sucesores de San Pedro, extienden la mano para que se la besen… y permiten que se inclinen ante ellos. Eso no es continuación. Eso es contradicción. Entonces dime: ¿Ese es el sucesor de San Pedro… o el opuesto a Pedro, como el emperador Nerón? Hechos 10:25 ‘Levántate, yo soy solo un hombre.’ – San Pedro. Eso es, ‘inclínate ante mí.’ ¿El sucesor de San Pedro? Un hombre se postró delante de Pedro… pero Pedro lo detuvo: ‘Levántate, yo también soy hombre.’ (Hechos 10:25). Pedro rechazó que se inclinaran ante él. No aceptó adoración para sí mismo. Hoy, quienes dicen ser los sucesores de San Pedro, extienden la mano para que se la besen… y permiten que se inclinen ante ellos. Eso no es continuación. Eso es contradicción. Entonces dime: ¿Ese es el sucesor de San Pedro… o el opuesto a Pedro, como el emperador Nerón? Los emperadores romanos fueron llamados los Césares. Los Césares se exaltaban a sí mismos, acuñaban monedas con sus rostros. Hoy, quienes dicen ser los sucesores de Pedro, parecen más los sucesores de los Césares, ya que también ponen su imagen en monedas y reciben reverencias. Si esto es lo opuesto… entonces tengo razones para dudar. Y si esa Roma influyó en los textos de la Biblia, ¿qué garantías hay de que no alteró la verdad? Si Roma despojaba a los pueblos de sus bienes, ¿explica eso por qué la Biblia dice: ‘A cualquiera que te quite lo que es tuyo, no le reclames que te lo devuelva’? //45
«


