Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados.

Las naves llegaron antes del fuego | Relato de ciencia ficción inspirado en textos antiguos. █

“La siguiente es una historia de ciencia ficción y reflexión filosófica ambientada en un mundo lejano… muy parecido al nuestro. Cualquier parecido con realidades pasadas, presentes o futuras de la Tierra, es parte de la imaginación.”

En un mundo parecido a la Tierra, en una galaxia lejana, la sociedad humana de allá era muy parecida a la de la Tierra; así como una mandarina se parece a otra, así se parecía ese mundo al nuestro.

Y entonces, ellos tenían un libro muy parecido a la Biblia que decía:

“Apocalipsis 19:19: Vi a la bestia y a los reyes de la tierra juntos para enfrentar a los justos que montan caballos blancos…”

Su libro también decía:

“2 Pedro 3:7: Pero los cielos y la tierra que existen ahora están reservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos.”

Los justos dispersos leyeron el libro, leyeron mensajes como ese, y razonaron y se preguntaron:

“¿Si los injustos están condenados a perderse, no los condena su incapacidad de vivir en paz unos con otros?”

“Si hacen guerras, ¿es justo que obliguen a otros a pelearlas?”

“Si lanzan bombas atómicas, ¿es justo que la gente pacífica tenga que sufrir la radiación?”

“Eso es como no ser fumador en un bus de fumadores, perjudicándose por culpa de otros.”

“¿Cómo puede ser posible que un justo haya pedido amar a los enemigos, si son los enemigos de los justos los que destruyen la tierra?”

“Ese parece un mensaje adulterado.”

“¿No dice aquí que Dios no los ama?”

“¿Cómo su fiel mensajero diría lo contrario?”

En efecto, aquel libro decía:

“Apocalipsis 11:18: Y se airaron las naciones, y tu ira ha venido, y el tiempo de juzgar a los muertos, y de dar el galardón a tus siervos los profetas, a los santos y a los que temen tu nombre, a los pequeños y a los grandes, y de destruir a los que destruyen la tierra.”

Entonces ellos comprendieron que, si su mundo estaba condenado, Dios enviaría naves para rescatarlos.

Y así sucedió.

Pero no estaba en su Biblia.

Eso no estaba escrito en su Biblia.

Pero ellos fueron entendidos; tuvieron la inteligencia para entender que los mismos que adulteraron el mensaje original ocultaron algo así.

Pero no ocultaron todo, porque Dios no se lo permitió.

Dios permitió pistas para que los entendidos entendieran que, si hay escogidos, el amor de Dios jamás fue universal:

“Mateo 24:22: Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados.”

«Para el falso profeta, hablar contra la injusticia es menos grave que hablar contra sus dogmas. Palabra de Zeus (El Diablo): ‘Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies… es para que vosotros lavéis los míos y sostengáis en alto a mis sacerdotes célibes, pues yo vivo en ellos y ellos en mí, ¿no veis nuestros frutos? soy el que secuestró a Ganímedes’. No puede ser una simple coincidencia.

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La diosa Atenea, el dios Marte y el dios Júpiter: son dioses de pueblos ajenos al pueblo de Jehová, el Dios de los justos. Donde Dios dijo a los justos, su pueblo: ‘He puesto enemistad entre los justos y los injustos (Génesis 3:15; Proverbios 29:27): ojo por ojo contra el enemigo (Deuteronomio 19:16-21); nunca te vengues del justo, el justo es tu amigo; si él te hizo falta, fue por ignorancia o sin intención’, Roma dijo a todos: ‘Ofrece el otro ojo a tu injusto enemigo, ofrece la otra mejilla a los que te odian sin motivo y nunca te vengues de ellos (Mateo 5:38-39)’. Donde Dios dijo a los justos, su pueblo: ‘No tengas otros dioses delante de mí; no reces a seres creados; no des honor a escultura alguna, no son necesarias en absoluto. ¿Acaso yo, el que hizo el ojo, no puedo ver sin esas estatuas? ¿Acaso yo, el que hizo el oído, no puedo oír sin esas esculturas? Esas imágenes de fundición no son mis ojos ni mis oídos (Salmos 94:9; Habacuc 2:18; Jeremías 10:1-16)’, Roma, cambiando el nombre en la placa de las estatuas de sus antiguos dioses, dijo: ‘Ten a estos dioses, rézales a sus imágenes; dirige tu plegaria a estos intercesores porque Dios no puede oír sin ellos; arrodíllate delante de ellas. Además, no son dioses ajenos a Dios: mira los nombres que les pusimos, son servidores de Dios. Ellos harán llegar a Dios tu oración para que Dios pueda atenderla. No olvides dejar el dinero del sacramento; mantener estas estatuas limpias tiene un costo. Si quieres que nuestros dioses limpien tus recurrentes pecados con nosotros, danos el dinero para limpiar sus templos y estatuas…’. Al rezar a las estatuas, la gente hace lo mismo que los antiguos pueblos hacían con sus dioses: rogar ante sus imágenes. Por eso, aunque afirmen que solo adoran a Dios y que a las imágenes solo las veneran, en los hechos están adorando esas imágenes de fundición como sus dioses; implícitamente, de ese modo les dicen: ‘Ustedes son nuestros dioses’, tal como fue profetizado en Isaías 42:17. //20

Deuteronomio 4:15–19 (resumen aclarado): No hagan imágenes ni figuras —de hombre, mujer, animales, aves, reptiles o peces— para inclinarse ante ellas o servirlas. Tampoco levanten los ojos al cielo para adorar al sol, la luna, las estrellas o el ejército del cielo. La serpiente de bronce que Moisés hizo por encargo de Dios era especial porque las personas que la miraban se sanaban (Números 21:7–9), pero con la bendición de Dios fue destruida por el rey Ezequías porque la gente había empezado a adorar a la estatua de la serpiente y también a la estatua de una mujer (2 Reyes 18:1–7). Hoy vemos a la imagen de la luna, de la serpiente y de la mujer siendo adoradas en un solo ídolo. ¿Y quién guía a la gente a estas prácticas pecaminosas? Babilonia, la que mostró desde el principio el irrespeto por las leyes de Dios; por ello adulteró mensajes para así negar el ojo por ojo. (BABILONIA). Escultura de mujer. Una serpiente. La Luna. La luna creciente. //157

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