Cuando intentan secuestrarte por diferencias religiosas y el sistema que se hace llamar ‘la justicia’ no te ayuda en absoluto.

[Llamada que me hace la madre de mi hijo de 4 años en ese entonces, 9 de dic. de 2018. Soy José]

“¿Aló?”
Oye, ¿dónde estás?
“Por acá, por Lince. ¿Qué pasó? Dime qué pasa.”

Oye, tu mamá ha venido con tu hermana a la casa. Están en la puerta, tocando, diciendo que te van a internar, que estás mal… han venido con policías. La policía ha entrado, han revisado todo, diciendo: ‘¿Dónde está?, lo estás escondiendo’.

“Yo no estoy mal. Están locos. No voy a ir.”

Tu hermana decía: ‘¿Has visto todo lo que ha subido a internet?’ Han venido así, diciendo: ‘Tenemos que internarlo, está mal’, tu hermana y tu mamá.

“¿Ha venido la policía también?”

Sí, como tres o cuatro.

“Yo no estoy loco. Tú sabes que yo no estoy loco. Están locos.”

Todo es por lo que estás publicando.

“Es mi derecho. Tengo libertad de expresión. ¿Están ahí?”

Se bajaron.

“¿Están afuera?”

[En shock, Marilú llora por momentos]

Le dije a tu mamá que se vaya al diablo, ‘vieja’. Le dije de todo porque me dio cólera, mi3rd4.

“No te preocupes. No voy a la casa ahora. Voy a denunciar en la comisaría. Voy a hacer una denuncia.”

Yo le dije que si usted… no sé, la verdad… Ahorita creo que están abajo, en la puerta de la reja, creo… no sé.

“Esto es calumnia. Yo no estoy loco. Hoy no voy a la casa. Voy a denunciar esto. Voy a hablar con la… No te preocupes. Voy a estar bien. Es una calumnia. Gracias por llamarme. Tranquila, no tengas miedo.”

Ya.


Cuando el fanatismo calumnia contra la cordura, revela su propia locura, porque toda calumnia es incoherente con la realidad.

Las pruebas que escucharás fueron desestimadas por el sistema, pero la justicia nunca me da la espalda. Una cosa es la justicia; otra muy distinta es el sistema legal que se apropia de ese nombre indignamente.

Pero esta hostilidad tiene raíces muchos años atrás:

Falsos positivos de locura en contextos de persecución religiosa en Perú

Esta es mi historia: José, un joven criado en enseñanzas católicas, vivió una serie de acontecimientos marcados por relaciones complejas y manipulaciones. A los 19 años inició una relación con Mónica, una mujer posesiva y celosa. Aunque José sentía que debía terminar la relación, su formación religiosa lo llevó a intentar cambiarla con amor. Sin embargo, los celos de Mónica se intensificaron, especialmente hacia Sandra, una compañera de clase que le hacía insinuaciones a José. Sandra comenzó a acosarlo en 1995 con llamadas telefónicas anónimas, en las que hacía ruidos con el teclado y colgaba. En una de esas ocasiones, reveló que era ella quien llamaba, luego de que José le preguntara enojado en la última llamada: ‘¿Quién eres tú?’. Sandra lo llamó de inmediato, pero en esa llamada le dijo: ‘José, ¿Quién soy yo?’. José, al reconocer su voz, le dijo: ‘Tú eres Sandra’, a lo que ella respondió: ‘Ya sabes quién soy yo’. José evitó confrontarla. Durante esa época, Mónica, obsesionada con Sandra, amenazó a José con hacerle daño Sandra, lo que llevó a José a proteger a Sandra y prolongar su relación con Mónica, a pesar de su deseo de terminarla. Finalmente, en 1996, José rompió con Mónica y decidió acercarse a Sandra, quien inicialmente había mostrado interés en él. Cuando José intentó hablar con ella sobre sus sentimientos, Sandra no le permitió explicarse, lo trató con palabras ofensivas y él no entendió la razón. José optó por distanciarse, pero en 1997 creyó tener la oportunidad de hablar con Sandra, esperando que ella le explicara su cambio de actitud y pudiera compartir los sentimientos que había mantenido callados. En su cumpleaños en julio, la llamó como lo había prometido un año antes, cuando aún eran amigos, algo que no pudo hacer en 1996 porque estaba con Mónica. En aquel entonces, solía creer que las promesas nunca debían romperse (Mateo 5:34-37), aunque ahora entiende que algunas promesas y juramentos pueden reconsiderarse si se hicieron por error o si la persona ya no los merece. Cuando terminó de saludarla y estaba a punto de colgar, Sandra suplicó desesperadamente: »Espera, espera, ¿podemos vernos?» Eso le hizo pensar que ella había recapacitado y que finalmente le explicaría su cambio de actitud, permitiéndole compartir los sentimientos que había guardado en silencio. Sin embargo, Sandra nunca le dio respuestas claras, manteniendo la intriga con actitudes evasivas y contraproducentes. Ante esta actitud, José decidió no buscarla más. Fue entonces cuando comenzó el acoso telefónico constante. Las llamadas siguieron el mismo patrón que en 1995 y esta vez fueron dirigidas a la casa de su abuela paterna, donde vivía José. Él estaba convencido de que se trataba de Sandra, pues recientemente le había dado el número. Esas llamadas eran constantes, mañana, tarde, noche y madrugada, y se prolongaron durante meses. Cuando contestaba algún familiar, no colgaban, pero cuando contestaba José se oía el chasquido de las teclas antes de colgar. José le pidió a su tía, la dueña de la línea telefónica, que solicitara a la compañía de teléfonos el registro de las llamadas entrantes. Él pensaba utilizar esa información como prueba para contactar a la familia de Sandra y manifestarle su preocupación por lo que ella pretendía conseguir con esa conducta. Sin embargo, su tía restó importancia a su argumento y se negó a ayudarlo. Curiosamente, nadie en la casa, ni su tía ni su abuela paterna, parecían indignarse por el hecho de que las llamadas se produjeran además en la madrugada, y no se molestaron en buscar cómo detenerlas ni identificar al responsable. Esto tenía la extraña apariencia de una tortura orquestada. Incluso cuando José le pidió a su tía que desconectara el cable del teléfono por la noche para poder dormir, ella se negó, argumentando que uno de sus hijos, que vivía en Italia, podría llamar en cualquier momento (considerando la diferencia horaria de seis horas entre ambos países). Lo que hacía todo aún más extraño era la fijación de Mónica con Sandra, a pesar de que ni siquiera se conocían. Mónica no estudiaba en el instituto donde estaban matriculados José y Sandra, pero empezó a sentir celos de Sandra desde que encontró una carpeta con un proyecto grupal de José. La carpeta enumeraba los nombres de dos mujeres, incluida Sandra, pero por alguna extraña razón, Mónica se obsesionó solo con el nombre de Sandra. Aunque José inicialmente ignoró las llamadas telefónicas de Sandra, con el tiempo cedió y volvió a contactar a Sandra, influenciado por las enseñanzas bíblicas que aconsejaban orar por quienes lo perseguían. Sin embargo, Sandra lo manipulaba emocionalmente, alternando entre insultos y peticiones para que él siguiera buscándola. Después de meses de este ciclo, José descubrió que todo era una trampa. Sandra lo acusó falsamente de acoso sexual, y como si eso no fuera suficientemente malo, Sandra envió a unos criminales a que golpearan a José. Ese martes, sin que José lo supiera, Sandra ya le había tendido una trampa. Unos días antes, José le había contado a su amigo Johan la situación que estaba viviendo con Sandra. Johan también encontró extraño su comportamiento y pensó que podría deberse a algún tipo de brujería por parte de Mónica. Ese martes, José había ido a visitar su antiguo barrio, donde había vivido en 1995, y se encontró por casualidad con Johan. Después de escuchar más detalles, Johan le aconsejó que se olvidara de Sandra y saliera a bailar a conocer a otras mujeres; tal vez encontraría a alguien que lo ayudara a olvidarla. A José le gustó la idea. Entonces tomaron un autobús al centro de Lima para ir a una discoteca. Por coincidencia la ruta pasaba por el instituto IDAT. Como estaban a una cuadra del IDAT, a José de repente se le ocurrió bajar un momento a pagar una clase de sábado a la que se había apuntado. Pudo ahorrar algo de dinero vendiendo su computadora y trabajando durante una semana en un almacén. Sin embargo, tuvo que renunciar porque explotaban a los empleados obligándolos a trabajar 16 horas diarias mientras que solo declaraban 12, y si se negaban a terminar la semana, los amenazaban con no pagarles nada. José se volvió hacia Johan y le dijo: ‘Estudio aquí los sábados. Ya que estamos de paso, bajemos un momento, pago mi clase y luego seguimos camino a la discoteca’. Tan pronto como José pisó la acera, antes incluso de cruzar la calle, se quedó atónito al ver a Sandra allí, parada en la esquina del instituto. Incrédulo, le dijo a Johan: ‘Johan, no lo puedo creer, Sandra está aquí. Es la chica de la que te hablé, la que ha estado actuando tan extraño. Espérame aquí, le preguntaré si recibió la carta donde le advertí sobre las amenazas de Mónica en su contra, y tal vez finalmente pueda explicarme qué le pasa y qué quiere de mí con todas estas llamadas’. Johan esperó mientras José se acercaba. Pero apenas había empezado a hablar: ‘Sandra, ¿has visto mis cartas? ¿Puedes explicarme finalmente qué te pasa?’ Cuando Sandra, sin decir palabra, hizo un gesto con la mano. Fue una señal. Entonces aparecieron tres matones, escondidos en diferentes lugares: uno en medio de la calle, otro detrás de Sandra y el tercero detrás de José. El que estaba detrás de Sandra se acercó y le dijo: ‘Entonces, ¿eres tú el acosador sexual que molesta a mi prima?’ José, desconcertado, respondió: ‘¿Qué? ¿Yo, un acosador? Al contrario, ¡es ella quien me acosa! Si lees la carta, verás que sólo intento entender por qué me sigue llamando’. Antes de que pudiera reaccionar, uno de los matones lo agarró por el cuello por detrás y lo arrojó violentamente al suelo. Luego, junto con el que decía ser primo de Sandra, comenzaron a patearlo. Mientras tanto, el tercer matón lo registraba, intentando robarle. Eran tres contra uno y José yacía indefenso en el suelo. Afortunadamente, su amigo Johan intervino en la pelea, permitiendo que José volviera a levantarse. Pero el tercer atacante tomó piedras y las arrojó contra José y Johan. El ataque sólo se detuvo cuando intervino un policía de tránsito. El policía se volvió hacia Sandra y le dijo: ‘Si te está acosando, entonces presenta una denuncia’. Sandra, visiblemente nerviosa, se alejó rápidamente, sabiendo muy bien que su acusación era falsa. José, aunque profundamente traicionado, no presentó denuncia. No tenía pruebas de los meses de acoso que había sufrido por parte de Sandra. Pero más allá del shock de la traición, una pregunta lo perseguía: ‘¿Cómo pudo haber planeado esta emboscada, si yo nunca vengo aquí los martes por la noche? Sólo vengo los sábados por la mañana para mis clases’. Esto generó en él una duda aterradora: ¿y si Sandra no era sólo una mujer, sino una bruja con poderes sobrenaturales? Estos hechos dejaron una profunda huella en José, quien busca justicia y desenmascarar a quienes lo manipularon. Además, busca desbaratar los consejos de la Biblia, como ‘oren por quienes los insultan’, porque al seguir ese consejo, cayó en la trampa de Sandra.

El testimonio de Jose.

Soy José Carlos Galindo Hinostroza, el autor del blog: https://bestiadn.com
y otros blogs.


Nací en Perú, esa foto es mía, es del 23 de Setiembre de 1996, yo tenía 21 años, meses antes de caer enredado en las intrigas de una mujer que se hizo pasar como una amiga.

La mujer de la que hablo es Sandra Elizabeth, una excompañera del instituto IDAT, ella logró confundirme respecto a lo que le pasaba (Ella me acosó de una manera muy compleja y extensa para narrar en una imagen, pero que ya la narré con detalle líneas arriba)

Para explicar su extrañìsima conducta, yo no descartaba la posibilidad de que Mónica Nieves, mi exnovia, le hubiera hecho alguna brujería.

Al buscar respuestas en la Biblia, leí en Mateo 5:
‘ Oren por quien los insulta,’
Y en esos días, Sandra me insultaba mientras me decía que no sabía qué le pasaba, que quería seguir siendo mi amiga y que debía seguir llamándola y buscándola una y otra vez, y así fue durante cinco meses. En resumen, Sandra fingió estar poseída por algo para mantenerme confundido. Las mentiras de la Biblia me hicieron creer que las personas buenas pueden comportarse mal por culpa de un espíritu maligno, por eso el consejo de orar por ella no me pareció tan absurdo, porque antes Sandra fingía ser amiga, y caí en su engaño.

Los ladrones suelen usar la estrategia de fingir buenas intenciones: Para robar en tiendas fingen ser clientes, para pedir diezmos fingen predicar la palabra de Dios, pero predican la de Roma, etc. etc. Sandra Elizabeth fingió ser amiga, luego fingió ser una amiga en problemas buscando mi ayuda, pero todo era para calumniarme y emboscarme con tres delincuentes, seguramente por despecho porque un año antes rechacé sus insinuaciones porque estaba enamorado de Mónica Nieves, a quien fui fiel. Pero Mónica no confiaba en mi fidelidad y amenazó con matar a Sandra Elizabeth, por lo que terminé con Mónica lentamente, en ocho meses, para que no creyera que era por Sandra. Pero así me pagó Sandra Elizabeth, con calumnias. Me acusó falsamente de acosarla sexualmente y, con ese pretexto, ordenó a tres delincuentes que me golpearan, todo esto frente a ella.

Narro esto porque no deseo que otros justos pasen por experiencias como la mía, por eso he creado lo que estás leyendo. Sé que esto irritará a los injustos como Sandra, pero la verdad es como el verdadero evangelio, y solo favorece a los justos.

La maldad de la familia de José eclipsa la maldad de Sandra:

José sufrió una traición devastadora por parte de su propia familia, que no solo se negó a ayudarlo a detener el acoso de Sandra, sino que además lo acusó falsamente de tener una enfermedad mental. Sus propios familiares usaron estas acusaciones como pretexto para secuestrarlo y torturarlo, enviándolo en dos ocasiones a centros para enfermos mentales y una tercera vez a un hospital.
Todo comenzó cuando José leyó Éxodo 20:5 y dejó de ser católico. Desde ese momento, se indignó con los dogmas de la Iglesia y comenzó a protestar por su cuenta contra sus doctrinas, además de aconsejar a sus familiares que dejaran de rezar a imágenes. También les comentó que estaba rezando por una amiga (Sandra), quien aparentemente estaba embrujada o poseída. José estaba bajo estrés debido al acoso, pero sus familiares no toleraron que ejerciera su libertad de expresión religiosa. Como resultado, destruyeron su vida laboral, su salud y su reputación, encerrándolo en centros para enfermos mentales donde le administraron sedantes.
No solo lo internaron en contra de su voluntad, sino que, después de su liberación, lo obligaron a seguir tomando medicamentos psiquiátricos bajo amenazas de nuevos encierros. Luchó por liberarse de esas ataduras, y durante los últimos dos años de esa injusticia, con su carrera profesional como programador destruida, se vio obligado a trabajar sin salario en el restaurante de un tío que traicionó su confianza. José descubrió en 2007 que este tío le hacía poner pastillas psiquiátricas en su almuerzo sin su conocimiento. Fue gracias a la ayuda de una empleada de cocina, Lidia, que logró descubrir la verdad.
Desde 1998 hasta 2007, José perdió prácticamente diez años de su juventud por culpa de familiares traidores. En retrospectiva, se dio cuenta de que su error fue defender la Biblia para negar el catolicismo, ya que sus familiares nunca le permitieron leerla. Ellos cometieron esta injusticia porque sabían que él no tenía recursos económicos para defenderse. Cuando finalmente logró liberarse de la medicación forzada, creyó que había conseguido el respeto de sus parientes. Sus tíos y primos maternos incluso le ofrecieron empleo, pero años después lo traicionaron nuevamente con un trato hostil que lo obligó a renunciar. Esto le hizo pensar que nunca debió haberlos perdonado, ya que sus malas intenciones quedaron en evidencia.
A partir de ese momento, decidió volver a estudiar la Biblia, y en 2017 comenzó a notar sus contradicciones. Poco a poco entendió por qué Dios había permitido que sus familiares le impidieran defenderla en su juventud. Descubrió las inconsistencias bíblicas y comenzó a denunciarlas en sus blogs, donde también relató la historia de su fe y el sufrimiento que padeció a manos de Sandra y, sobre todo, de sus propios familiares.
Por este motivo, su madre intentó secuestrarlo nuevamente en diciembre de 2018 con la ayuda de malos policías y un psiquiatra que emitió un certificado falso. Lo acusaron de ser un ‘peligroso esquizofrénico’ para encerrarlo de nuevo, pero el intento fracasó porque él no estaba en casa. Hubo testigos del hecho y audios que José presentó como pruebas ante las autoridades peruanas en su denuncia, la cual fue rechazada.
Su familia sabía perfectamente que él no estaba loco: tenía un trabajo estable, un hijo y a la madre de su hijo a quien cuidar. Sin embargo, aun conociendo la verdad, intentaron secuestrarlo con la misma calumnia de antaño. Su propia madre y otros familiares fanáticos católicos lideraron el intento. Aunque su denuncia fue ignorada por el Ministerio, José expone estas pruebas en sus blogs, dejando en claro que la maldad de su familia eclipsa incluso la de Sandra.

Aquí está la evidencia de los secuestros utilizando la calumnia de los traidores:
‘Este hombre es un esquizofrénico que necesita urgentemente tratamiento psiquiátrico y medicación de por vida.’

Aclaración sobre una copia de una página que era mía en 2004

Depurando mentiras del mensaje que defendí por error bajo ignorancia forzada por hostigamiento. Esta copia, nunca autorizada a Geocities.WS, desde hace décadas no refleja mis creencias: https : // www . geocities . ws / naodanxxii / danxiies . html Hace varios meses hice todo lo que me aconsejó ChatGPT, sin éxito. No tengo control sobre esa copia de mi antigua página del año 2004. Esto ocurrió porque cuando Yahoo cerró GeoCities en 2009, muchos sitios fueron copiados por terceros y republicados en dominios como geocities.ws, que no tenían relación oficial con el servicio original. Por eso hoy existen páginas espejo que los autores originales no pueden editar ni borrar. En mi caso, la situación es la siguiente: 1. No tengo control directo Si la página está en geocities.ws, el control lo tiene el administrador de ese sitio. Si no responde, el autor original no puede eliminarla. 2. Opciones que intenté Contactar al hosting del dominio. Enviar una solicitud por derechos de autor. Intentar que los buscadores dejen de indexar la página. Hasta ahora, ninguna de estas gestiones ha tenido éxito. 3. La única solución práctica Publicar una aclaración oficial indicando que esa copia es antigua, no autorizada y que ya no refleja mis creencias actuales. Con el tiempo, los buscadores suelen mostrar primero la aclaración del autor antes que la copia antigua. Al margen de que en aquel momento yo aún creía que la Biblia era totalmente confiable para usarla como “verdad absoluta” para desmentir las doctrinas católicas, la armonía y el contenido ordenado de los pasajes en esa antigua página revelan mi lucidez mental. Es decir, yo no padecía de ninguna enfermedad mental, no solo en 2004, sino jamás en mi vida.

Sin embargo, ya antes padecí secuestros por parte de familiares quienes, por su intolerancia a que yo critique el catolicismo y su idolatría, me acusaron falsamente de ser loco, y me secuestraron dos veces en casas de locos, donde fui obligado a tomar pastillas para locos. Amenazándome con nuevos encierros, ellos me prohibían leer la Biblia o dejar de tomar pastillas, cuyos efectos secundarios arruinaban mi vida, por lo que yo siempre dejaba de tomarlas, insistiendo en que no las necesitaba; pero aun así me las daban a escondidas entre los alimentos, luego de descubrir que yo desarrollaba dicha página web a escondidas en cabinas de internet, con el fin de prevenir a la gente en general contra la idolatría.
En todo caso, yo prácticamente no hacía comentarios, pues pensaba: “Aun si descubren que hago esta página, no me podrán acusar de tener ideas de loco porque prácticamente copio y pego pasajes de la Biblia y de los apócrifos que creo que se relacionan entre sí, sin hacer comentarios”. Incluso por esos días yo tenía una enamorada de nombre Gissel que me decía: “Ya sabemos lo que te hicieron por tus creencias, ¿qué tal si te internan otra vez?”. Yo, a mis 29 años por aquel 2004, lleno de vigor y confianza, le dije: “No te preocupes, no podrán acusarme de loco porque, como ves, son solo copia y pega de pasajes de la Biblia”.

Sin embargo, pese a eso, ellos me acusaron falsamente. Es más, ese mismo año, antes del tercer secuestro, pude encontrar trabajo en una fábrica de galletas donde estuve tres semanas, y si salí fue porque renuncié por hostigamiento laboral. Si yo realmente hubiese estado loco y necesitase urgente internamiento, ni hubiese podido trabajar ni hacer una página organizada como la que se ve aquí.

Cabe resaltar que en 2005 me secuestraron y me llevaron con total injusticia hasta el hospital Valdizán, donde el psiquiatra que me atendió me confesó: “Tú no tienes esquizofrenia, tu caso no encaja con nada”. A lo que le dije: “Si no tengo esquizofrenia ni nada, ¿por qué me recetas Abilify?”. Él dijo: “Es que algo tengo que recetarte”. Además, me dijo: “Tus ideas, equivocadas o no, guárdatelas para ti”, prácticamente estaba confesando que sabía que yo era sano y que, por mis creencias particulares, aunque correctas, intentaban callarme. Luego me negué a tomar pastillas, pero un tío donde viví después hizo que me dieran pastillas entre los alimentos, pues yo vivía en su local y trabajaba allí como mesero; allí él tenía un restaurante. Pero fue gracias a la ayudante de cocina, de nombre Lidia, con quien tuve una breve relación, que me enteré de ello. Empecé a comer afuera. Decidí trabajar como taxista, obtuve mi brevete de conducir a las pocas semanas, donde pasé todas las evaluaciones mentales y físicas. De haber estado loco, como me acusaron de estar, jamás hubiese obtenido el brevete.


Este es un pantallazo de esa página; en él podrán ver mi DNI, el cual yo usaba en 2004.

Si mal no recuerdo, la foto de mi DNI es de 2002.

La foto abajo es de 2000.

Estas injusticias no deben quedar impunes solo porque el Ministerio Público del Perú no aceptó mi denuncia para investigar a todos los implicados.