Los falsos profetas inventaron ídolos porque la madera y la piedra no discuten cuando mienten. Va más allá de lo evidente. Los monumentos de la serpiente no honran a Dios, sino a la vanidad y al engaño. Postrarse ante sus monumentos es aceptar su mentira como verdad.

Historia de supervivencia en la Carretera Central – UN CASO DE LA VIDA REAL – #VIDAREAL //55

La Maldición que Arruinó mi Carrera: De ser un Programador a cargar cajas 16 horas diarias – 1/3 //24

¿Acaso es necesario utilizar un teléfono para comunicarnos con Dios? //61

La religión que yo defiendo se llama la justicia. //10

El Imperio Romano profanó el sábado con la excusa de que Jesús resucitó el domingo, lo cual tampoco es cierto. Incluso han mentido al respecto porque Jesús nunca resucitó al tercer día, ya que en la parábola de los labradores malvados en Mateo 21:33-44, el propio Jesús hace referencia a una profecía relacionada con su regreso, dicha profecía se encuentra en el Salmo 118:5-25, y los eventos narrados allí no solo son incompatibles con el amor a los enemigos, sino también con las experiencias de un hombre que desciende del cielo entre las nubes; vive en la tierra y es reprendido por Dios en la tierra, evidentemente porque peca, evidentemente porque es ignorante al principio, evidentemente porque reencarna sin recordar su vida pasada, y reencarna en el tercer milenio después de su muerte en la cruz (Salmo 22:16-18, Oseas 6:1-3). //33

Estas son las cosas que dije en 1998 al secuestrador con título de psiquiatra, quien, como un juez comprado, dictaminó injustamente que yo debía ser internado y drogado en la clínica Pinel en 1998, y luego otra vez en 2001: ‘¿Qué clase de psiquiatra eres, que encierra a personas mentalmente sanas? ¿Cuánto te pagaron para acusarme falsamente y tenerme secuestrado? ¿Por qué me preguntas ‘¿cómo estás?’? ¿No ves que estoy con una camisa de fuerza? ¿Qué esperabas que te respondiera: ‘Estoy muy bien y bastante cómodo’?’ Cuando tenía 22 años y leí por primera vez Éxodo 20:5, comprendí que había sido engañado por la Iglesia católica. Sin embargo, aún no había leído lo suficiente de la Biblia para entender algo crucial: que defender la Biblia en bloque para protestar contra la idolatría era también un error, porque implicaba defender otras mentiras con las que Roma había rodeado esa verdad. Un año después, fanáticos religiosos en mi entorno familiar no toleraron que llamara idolatría a las prácticas católicas que ellos realizaban, contra las cuales yo protestaba indignado, ya que también fui adoctrinado para practicarlas desde mi infancia y me sentía defraudado; esa intolerancia se tradujo en persecución religiosa en mi contra, cuyo resultado fue el cautiverio que padecí en un manicomio durante semanas, como si yo fuera un loco. //103