Clave para entender todo. Los falsos profetas venden el silencio envuelto en piedra y lo llaman fe. Sin ovejas, el lobo ya no finge ser pastor: muerde al que antes fingía ayudar. Cuando la verdad reina, la mentira se vuelve contra sí misma.

El falso profeta: ‘Siembra en mis bolsillos llenos y cosecha mis promesas vacías.’ //2

El jinete del caballo blanco enfrenta a Babilonia //30

Ancho es el camino que lleva a la perdición y muchos pasan por él… Cuando la estatua es honrada y la verdad es despreciada. //68

La religión que yo defiendo se llama la justicia. //10

Si Miguel, el de las profecías ya estuviese entre nosotros en plena misión, esto nos diría: A diferencia de Zeus, el de larga cabellera, yo no estoy a favor de los injustos, no he venido a llamar a los injustos a arrepentimiento de sus pecados, sino a los justos al arrepentimiento de sus pecados cometidos por ignorancia, por haber sido guiados con engaños por las falsas enseñanzas de los injustos, incluidas las de la Biblia y otros libros adaptados a los intereses de los perseguidores romanos quienes nunca cambiaron, porque el injusto no puede volverse justo, por eso no tiene caso llamar a los injustos al arrepentimiento de sus pecados, porque ellos nunca se arrepentirán. Por eso Roma no predicó la verdad, sino una mentira: ‘el amor a los injustos’, una mentira suya, no del justo a quién mató. //30

Las calumnias de Sandra contra José y su emboscada con delincuentes. Sandra: Cuando aún no te conocía bien —aunque creía conocerte— recé por ti. Mientras tanto, tú me insultabas y me hacías buscarte solo para saciar tu sed de sadismo, rechazándome con mensajes ambiguos una y otra vez. Yo estaba ciego, dominado por la ignorancia y por la creencia popular en dogmas absurdos que me pedían orar por ti, pese a tus insultos y a tu conducta incoherente y agresiva conmigo. Pensaba que tú no eras realmente así, que quizá algún demonio se había apoderado de ti. Ese era el engaño en el que vivía. Durante meses, con tus constantes llamadas, no me dejaste dormir ni pensar con claridad. Y al final de todo, me calumniaste. Con la complicidad de delincuentes, incluso mandaste a golpearme. Han pasado décadas desde la emboscada que armaste en 1998. Hoy cuento esta experiencia para advertir a otros hombres justos sobre mujeres injustas como tú. Algún día estas palabras llegarán a tus oídos. No menciono tu nombre completo, pero tú y tus cómplices sabrán que hablo de ti. Y sabrás que soy José Galindo, un hombre justo cuya reputación embarraste con falso testimonio, pero que limpió su nombre y buscó justicia hasta encontrarla. //5