Campaña Contra el Mal Uso de Impuestos

31 de Agosto de 2026
@JoseGalindoMMXXVI

hace 29 minutos (editado) Quizás a otros no les importa el mal uso que le dan a sus impuestos, pero no estoy de acuerdo con que, con el dinero de mis impuestos, el gobierno mantenga la salud de los asesinos en las cárceles (si es que los atrapan). Se trata de gente que no necesita educación para dejar de ser mala; la maldad no se quita con educación, no hay reinserción social posible. ¿No ven tanta reincidencia en los delincuentes? Cuando salen de la cárcel, salen a hacer lo mismo o cosas peores de aquellas por las cuales los metieron a la cárcel. ¿Merecen la vida quienes acabaron cobardemente con la vida de esta mujer, que era madre de cuatro hijos? Se trata de gente que no quiere trabajar, sino parasitar a la sociedad, gente que mata con injusticia y que sabe que el sistema no tiene legalizado que ellos la puedan perder con justicia, con la justicia de vida por vida… ¿Tiene el pueblo sed de justicia o de darle la bienvenida a cualquiera que les dice: «Dios ama a todos, no a la pena de muerte para asesinos ni extorsionadores; sigan arrodillados ante nuestras imágenes»? No soy ateo ni protestante evangélico. Pero, si hay algo a lo que le veo sentido en la Biblia, es al «ojo por ojo». Si Dios nunca se equivoca y alguna vez lo dictó para el asesino, ¿por qué habría luego de haberlo invalidado con «ofrecer la otra mejilla (ofrecer el otro ojo)»? Yo no le veo sentido al amor hacia los extorsionadores, asaltantes y asesinos (el amor a los enemigos). ¿No fue más bien Roma, la tirana que no quería resistencia, la que, luego de matar a los verdaderos santos, oficializó mentiras para satisfacer al César? Resulta que, cada vez que aparece un personaje sentado en el trono del poder eclesiástico que la Roma de los Césares estableció, de esos que también suelen hacerse monedas con sus caras, la televisión y las masas lo llaman «santo» y le dan la bienvenida, mientras veo a la policía cargar las estatuas, como la de una mujer que se autoflagelaba, como si autodestruirse fuese una virtud, o como si Dios fuese limitado en su capacidad de oír y necesitase del uso de estatuas para poder oír las plegarias, estatuas que, aunque tienen orejas, ni oyen… Entonces, si el malo es protegido por las palabras de quienes reciben el apoyo popular, ¿quiénes son cómplices? ¿Quienes se autodestruyen mientras hablan de querer vida y de justicia? Seamos coherentes: o estamos con Dios o estamos con el Diablo. O se defiende a la gente del bien o a sus enemigos.

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Comentario en video titulado:

Madre de 4 hijos es asesinada por extorsionadores que exigían el dinero de olla común

El deglose de mi comentario para mejor entendimiento:

Quizás a otros no les importa el mal uso que le dan a sus impuestos, pero no estoy de acuerdo con que, con el dinero de mis impuestos, el gobierno mantenga la salud de los asesinos en las cárceles (si es que los atrapan). Se trata de gente que no necesita educación para dejar de ser mala; la maldad no se quita con educación, no hay reinserción social posible.

¿No ven tanta reincidencia en los delincuentes? Cuando salen de la cárcel, salen a hacer lo mismo o cosas peores de aquellas por las cuales los metieron a la cárcel. ¿Merecen la vida quienes acabaron cobardemente con esta mujer, que era madre de cuatro hijos? Se trata de gente que no quiere trabajar, sino parasitar a la sociedad, gente que mata con injusticia y que sabe que el sistema no tiene legalizado que ellos la puedan perder con justicia, con la justicia de vida por vida…

¿Tiene el pueblo sed de justicia o de darle la bienvenida a cualquiera que les dice: «Dios ama a todos, no a la pena de muerte para asesinos ni extorsionadores; sigan arrodillados ante nuestras imágenes»?

No soy ateo ni protestante evangélico. Pero, si hay algo a lo que le veo sentido en la Biblia, es al «ojo por ojo». Si Dios nunca se equivoca y alguna vez lo dictó para el asesino, ¿por qué habría luego de haberlo invalidado con «ofrecer la otra mejilla (ofrecer el otro ojo)»? Yo no le veo sentido al amor hacia los extorsionadores, asaltantes y asesinos (el amor a los enemigos). ¿No fue más bien Roma, la tirana que no quería resistencia, la que, luego de matar a los verdaderos santos, oficializó mentiras para satisfacer al César?

Resulta que, cada vez que aparece un personaje sentado en el trono del poder eclesiástico que la Roma de los Césares estableció, de esos que también suelen hacerse monedas con sus caras, la televisión y las masas lo llaman «santo» y le dan la bienvenida, mientras veo a la policía cargar las estatuas, como la de una mujer que se autoflagelaba, como si autodestruirse fuese una virtud, o como si Dios fuese limitado en su capacidad de oír y necesitase del uso de estatuas para poder oír las plegarias, estatuas que, aunque tienen orejas, ni oyen…

Entonces, si el malo es protegido por las palabras de quienes reciben el apoyo popular, ¿quiénes son cómplices? ¿Quienes se autodestruyen mientras hablan de querer vida y de justicia? Seamos coherentes: o estamos con Dios o estamos con el Diablo. O se defiende a la gente del bien o a sus enemigos.