El Infierno: Donde el fuego no se apaga y los gusanos no mueren.█
Marcos 9:44: «donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga.»
Isaías 66:24: «porque su gusano nunca morirá, ni su fuego se apagará»
Ambos textos usan exactamente la misma descripción para señalar un destino irreversible reservado exclusivamente para los impíos. Si se afirma que la ley y los profetas no fueron abolidos, la pregunta cae por su propio peso: ¿cómo pretenden encajar que un justo haya descendido a ese lugar?
Si lees más de Isaías 66, se describe a los que están allí en el infierno como los hombres que se rebelaron contra Yahvé. Según Mateo 5:17-18, Jesús no se rebeló contra Yahvé porque no vino a rebelarse contra la ley de Yahvé. Pero un momento, ¿por qué nos dijeron que negó el «ojo por ojo» y predicó el ofrecimiento de la otra mejilla, lo cual es como decir «ofrecer el otro ojo al enemigo» en vez de aplicar la justa ley? Eso no lo dice alguien que vino a cumplir la ley, eso solo lo dice un rebelde a Yahvé.
Pero un momento… ¿y quién nos contó esa narrativa sino el imperio que asesinó al justo quebrantando la ley de no matar inocentes (Éxodo 20:13)? Y espera, encima nos dice la narrativa oficial de ese imperio que su víctima no solo fue a un lugar donde solo van los rebeldes a Yahvé, sino que él mismo se habría rebelado contra ese dios Yahvé al acusarlo de ser el autor de una narrativa que contradice el justo mandato del «ojo por ojo».
Algo no cuadra. Aquí verás por qué pienso que sí hay hombres que se rebelaron contra Yahvé, no solo asesinando a los santos, sino también dando falso testimonio acerca de ellos y de sus enseñanzas…
Predicar a muertos es un sinsentido: no oyen. Bajar al infierno es absurdo: ese lugar no existe. Jesús nunca descendió a los infiernos.
¿Cómo podría Jesús haber descendido al infierno si, según Apocalipsis 20:12–15, ese lugar solo existe después del juicio final?
Isaías 66: 24 describe ese destino así: «porque su gusano nunca morirá, ni su fuego se apagará». Nunca significa que no hay rescate.
Sostienen que Jesús descendió al infierno basándose en 1 Pedro 3:18–20 y Mateo 12: 40. En 1 Pedro se afirma que el justo murió por los injustos y luego fue a predicar a los espíritus que pecaron en tiempos de Noé. Esta idea no se sostiene, porque Proverbios 17: 15 dice que Dios abomina tanto al que justifica al impío como al que condena al justo, y Proverbios 29: 27 afirma que el justo abomina al impío.
Además, ¿para qué predicar a los impíos? Daniel 12: 10 afirma que los malos no pueden seguir el camino de la justicia, y Apocalipsis 9: 20 confirma que no se arrepienten ni siquiera bajo castigo. Según 2 Pedro 2: 5, Dios no perdonó al mundo antiguo, sino que preservó a Noé, predicador de justicia. Si Noé ya predicó y los impíos fueron destruidos, fue porque no escucharon. ¿Qué sentido tiene insistir en predicarles un mensaje de justicia a quienes ya demostraron ser alérgicos a la justicia?
Lucas 16: 26 habla de un gran abismo que nadie puede cruzar y describe a personas incapaces de arrepentirse, aun cuando uno de los muertos les hablara.
Según Mateo 25: 41, el infierno es «el fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles», un castigo eterno reservado para los injustos, no para los justos.
Daniel 12: 10 dice que solo los justos son limpiados de sus pecados. Los justos pueden arrepentirse; los malos no. Salmos 118 declara: «Jehová me castigó, pero no me entregó a la muerte… pasaré por las puertas de la justicia, donde pasarán los justos».
Jesús alude a esta profecía en la parábola de los labradores malvados cuando habla de su retorno (Mateo 21:33–43). Ese retorno es inconsistente con un regreso con el mismo cuerpo, porque el castigo implica corrección, y la corrección implica ignorancia previa. Eso presupone un nuevo cuerpo.
Roma predicó en Hechos 1:1–11 que Jesús regresará con el mismo cuerpo con el que dice que ascendió al cielo, después de resucitar y de haber estado «en el corazón de la tierra tres días y tres noches». Incluso si eso fuera cierto, hay una contradicción: el tercer día Jesús seguiría allí y, a la vez, habría resucitado. Roma sacó de contexto Oseas 6: 2, donde los «días» son una alusión a milenios y no hablan del regreso a la vida de una sola persona, sino de varias. Esto está ligado a Daniel 12: 2 y Salmos 90: 4.
Si la religión de Jesús estaba ligada a la ley y a los profetas, y Roma no respetó su mensaje, es lógico concluir que tampoco respetó ni la ley ni a los profetas. Por eso no sorprenden las contradicciones en los textos que Roma terminó llamando «Antiguo Testamento».
Les mostraré algunos ejemplos: en Génesis 4: 15, el asesino protegido de la pena de muerte por el propio Dios. Pero en Números 35: 33, el asesino condenado por la ley de Dios. Según Ezequiel 33:18–20, el justo sí se puede volver injusto y el injusto sí se puede volver justo. Sin embargo, según Daniel 12: 10, el justo no se puede volver injusto ni el injusto se puede volver justo. Si el injusto realmente se pudiera volver justo, el mensaje original de Jesús no hubiese sido perseguido por nadie, sino aceptado por todos.
El gran cierre: La lógica del castigo consciente y la verdadera naturaleza de la vida eterna:
Si se habla de un castigo eterno, entendemos que eterno significa que no tiene fin y castigo implica dolor. Si hablamos de recompensa eterna, su opuesto lógico implica placer y plenitud sin fin.
Bajo ese principio, ¿es posible que un castigo sea castigo sin que haya dolor? Si la respuesta es no, para que exista el dolor tiene que haber un cuerpo consciente que lo sienta; si mueren y desaparecen, el castigo se extingue porque ya no hay quien lo experimente. Por eso resulta totalmente coherente la profecía de Isaías 66:24: esos cuerpos actúan como «muertos vivientes». Los gusanos consumen una carne que nunca se destruye porque entra en un proceso de regeneración perpetua, alimentando sin tregua al fuego y a los gusanos. Es una agonía consciente de muerte perpetua —la «segunda muerte» mencionada en el Apocalipsis— donde ya ni siquiera existe la opción de morir para descansar.
Y bajo esa misma simetría lógica evaluamos la recompensa: del mismo modo en que se requiere un cuerpo consciente para sentir el dolor del castigo, se requiere un cuerpo biológico para experimentar la recompensa.
Cuando en los escritos de Daniel 12:2 se plantea la «vida eterna» como premio, la lógica apunta inexorablemente a una vida biológica real. ¿Ves a algún espíritu etéreo o alma incorpórea haciendo procesos biológicos? Un espíritu no bebe agua. Sin embargo, en Isaías 65 se señala con precisión material: «Mis siervos beberán, pero ustedes tendrán sed». La vida eterna no es una entelequia abstracta; es la gloria de la salud y una juventud biológica restaurada por toda la eternidad, porque la experiencia de la dicha exige materia viva y consciente.
Por lo tanto, la ecuación se cierra de forma ineludible:
- Para los malvados, la agonía no tiene fin.
- Para los justos, la dicha no tiene fin.
Si la muerte siguiera operando, para los malvados significaría el fin de su agonía y para los justos el fin de su felicidad. Por eso, la conclusión racional que exponen estos textos es que la muerte misma tiene que dejar de existir, motivo por el cual tanto las profecías de Isaías como el Apocalipsis coinciden en marcar el fin definitivo de la muerte y en arrojarla al fuego. https://gabriels.work/2026/10/30/como-pudo-descender-jesus-al-infierno-si-el-infierno-solo-existe-luego-del-juicio-final-y-si-se-supone-que-solo-los-malos-van-al-infierno/



